Bogotá reduce el hambre urgente en niños, pero crece el hambre silenciosa

Entre 2020 y 2024, Bogotá logró reducir la desnutrición aguda, del 3,7% al 1,5%. Sin embargo, la desnutrición crónica se mantiene estancada en 14,9%.
Bogotá Cómo Vamos - Mejora seguridad alimentaria, deuda con niñez

Laura Ospina

Coordinadora de Comunicaciones

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En Bogotá, cada vez menos niños enfrentan hambre urgente, pero más crecen con hambre silenciosa. Esa es una de las principales conclusiones del nuevo informe Situación Nutricional de la Primera Infancia 2024, que elaboramos en Bogotá Cómo Vamos en alianza con la Fundación Éxito. El informe muestra avances en el acceso a alimentos, pero también evidencia una alerta: mejorar la cantidad no garantiza calidad nutricional. 

Entre 2020 y 2024, Bogotá logró reducir la desnutrición aguda, la más visible y peligrosa, porque refleja la falta inmediata de alimento, del 3,7% al 1,5%. Sin embargo, la desnutrición crónica, esa que no se nota de inmediato, pero deja huellas de por vida, se mantiene estancada en 14,9%. Esta es la forma más persistente de malnutrición: la que no genera titulares, pero sí condiciona la capacidad de aprender, de crecer y de romper los ciclos de pobreza.

Bogotá Cómo Vamos - Crece el hambre silenciosa

El problema se agrava cuando miramos las brechas territoriales. Mientras en zonas como Usaquén o Teusaquillo las tasas son marginales, en localidades como Sumapaz (29,5%), Usme (18,3%) y San Cristóbal (17,9%), casi uno de cada cinco niños crece por debajo de la talla esperada. Esto no es una simple diferencia de indicadores: es una desigualdad estructural que marca la vida de miles de niñas y niños desde antes de cumplir los cinco años. 

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