Calidad de vida

Bogotá Cómo Vamos y Fundación Éxito presentan panorama de…

Bogotá, 31 de octubre de 2019

Si bien existe un compromiso del gobierno local por mejorar la calidad de vida de los infantes en sus primeros años de vida, reflejado en el fortalecimiento de programas y diseño de acciones específicas, aún persisten varios retos para garantizarles, plenamente, el disfrute de sus derechos, particularmente en temas alimentarios.

Aunque vienen en descenso la mortalidad infantil (menores de 1 año) y la mortalidad en la niñez, persisten brechas significativas entre localidades; preocupa, particularmente, el aumento de la desnutrición crónica (talla baja para la edad) y del bajo peso al nacer, indicadores cuya prevalencia viene creciendo en los últimos años.

Se evidencia, además, una desigualdad en el bienestar de la primera infancia entre las distintas localidades de la ciudad, inequidad que se concentra en San Cristóbal, Ciudad Bolívar, Usme y Bosa debido a la pobreza, la reaparición de situaciones de vulnerabilidad y brechas en las condiciones de calidad de vida en estas zonas de la capital.

Los hogares con niños y niñas menores de cinco años superan el promedio de pobreza multidimensional y monetaria de la capital, con grandes variaciones entre localidades. Chapinero, en particular, tiene bajo desempeño en varios indicadores de bienestar de la primera infancia, entre ellos, mortalidad infantil, bajo peso al nacer y desnutrición crónica.

En el caso particular de la desnutrición crónica y aguda, Sumapaz es un territorio que merece especial atención.

Estos son algunos de los datos que arroja el informe ‘Primera Infancia en Bogotá: Balance de la última década’, documento que presenta un análisis de la situación de los niños y niñas menores de 5 años durante los últimos 10 años, y que es fruto de una alianza entre Bogotá Como Vamos y Fundación Éxito, organizaciones que coinciden en su interés de incidir con información en las políticas públicas orientadas al bienestar de este grupo poblacional.

Otra de las conclusiones del documento es el preocupante incremento de la violencia contra los niños y niñas menores de 5 años, particularmente los casos de maltrato y abuso sexual.

¿Qué opinan los bogotanos sobre la nutrición de los niños menores de 5 años?

Adicionalmente, un reciente estudio realizado por Bogotá Cómo Vamos y la Fundación Éxito muestra que el 37% de los capitalinos considera que Bogotá es una ciudad amigable con los niños y niñas menores de 5 años, mientras que un 30% considera que la capital NO es amigable con los infantes, lo cual representa un enorme desafío en términos de estrategias puntuales que promuevan y aseguren la efectiva protección y adecuado desarrollo de la primera infancia en la capital, que hoy constituye el 5,7% de la población.

Cuando se les pregunta a los bogotanos por qué un niño o una niña tiene una estatura menor a la esperada para su edad, el 67% considera que ese retraso es sano y que se explica por otras razones; el 28% afirma que se debe a problemas de nutrición y el 5% desconoce las razones que están detrás de una menor talla para la edad.

Este mismo estudio señala que para el 17% de los bogotanos un ‘niño gordito’ es saludable mientras que el 15% considera que es responsabilidad de los infantes decidir si comen o no. Por el contrario, 3 de cada 10 están de acuerdo con que hay que obligar a los niños y niñas a comer todo lo que hay en el plato, aunque cuatro de cada 10 están en desacuerdo con esta afirmación. Lo anterior deja ver que la voluntad política no es suficiente si no va acompañada por iniciativas de formación para modificar imaginarios relacionados con la salud y la alimentación de niños y niñas.

También se les preguntó a los ciudadanos por la lactancia materna: El estudio arrojó que el 1% de los bogotanos considera que las mujeres que amamantan a sus bebés en lugares públicos se comportan de manera inapropiada y no deberían hacerlo y el 5% cree que, además de ser inapropiado, ellas deberían cubrirse. Por el contrario, el 52% de los ciudadanos opina que es un comportamiento natural pero que deben cubrirse, mientras que el 42% no solo considera que es algo natural sino que NADIE debe obligar a las mujeres a cubrirse mientras amamantan a sus bebés.

Frente a lo anterior, se requiere fortalecer las estrategias integrales de promoción y educación en espacios sociales y comunitarios para afrontar las situaciones que motivan a las madres a abandonar la práctica de lactancia exclusiva.

 

10 DATOS CLAVES SOBRE LA PRIMERA INFANCIA EN BOGOTÁ

1. Los hogares pobres con niños y niñas menores de cinco años superan el promedio de pobreza multidimensional y monetaria de la ciudad. Un poco más de la cuarta parte de los hogares de la ciudad con niños en primera infancia se encuentra en condición de pobreza monetaria (el 28,2%). Las 5 localidades con mayor pobreza monetaria para los hogares con niños en primera infancia son: Ciudad Bolívar (45,5%), Usme (47,5%), Santa Fe (43,7%), San Cristóbal (35,5%) y Rafael Uribe Uribe (33,2%).

2. La desigualdad en el bienestar de la primera infancia se concentra en el sur de Bogotá, situación que se agrava en contextos rurales. Ciudad Bolívar, Usme, Santa Fe y San Cristóbal concentran la mayor proporción de Índice de Pobreza Multidimensional –IPM- en hogares con niños de 0 a 5 años. El 20% de los hogares rurales con niños en la primera infancia están en pobreza multidimensional; este porcentaje llega al 44,4% en la localidad de San Cristóbal.

3. En la última década, Bogotá mejoró el estado de salud de la primera infancia con resultados positivos en mortalidad infantil, mortalidad materna y embarazo adolescente. La tasa de mortalidad infantil ha decrecido un 25%. Entre 2010 y 2018 se redujo en un 41% el número de casos de fallecimientos de niños menores de 5 años, al pasar de 1.512 a 890. En este mismo periodo y rango de edad se ha reducido a cero la mortalidad por desnutrición aguda. Las cuatro localidades con datos superiores al promedio (Usme, Santa Fe, San Cristóbal y Ciudad Bolívar) demandan mayores esfuerzos para mejorar los servicios de salud y las condiciones socioeconómicas en que crecen los niños. La razón de mortalidad materna también tuvo un descenso del 40% en la última década; así mismo, se redujo el embarazo adolescente: cabe destacar el descenso, en un 53%, de los nacidos vivos en niñas de 10 a 14 años (se pasó de 584 nacidos vivos a 274) y en un 49% para el caso de mujeres entre los 15 y los 19 años (se pasó de 20.837 a 10.675 nacidos vivos).

4. Si bien el descenso de la mortalidad infantil y en la niñez evidencia una mejoría de las condiciones de salud de la primera infancia, aún persisten brechas significativas entre localidades. Usme, Santa Fe, San Cristóbal y Ciudad Bolívar presentan las mayores tasas de mortalidad en la primera infancia. Chapinero es una localidad con bajo desempeño en varios indicadores del estado de salud de los niños entre 0 y 5 años, tales como mortalidad infantil, bajo peso al nacer y desnutrición crónica.

5. Se ha avanzado en el diseño de múltiples estrategias para mejorar la situación nutricional en la primera infancia. En los últimos dos años se observa un incremento en el número de casos de desnutrición crónica (talla baja para la edad) en niños y niñas menores de 5 años en Bogotá: mientras en 2016 se registraron 22.740 casos, en 2018 hubo 29.965. Sin embargo, el comportamiento de este indicador durante la última década (2008-2018) evidencia una reducción de 3,3 puntos porcentuales en la prevalencia de la desnutrición crónica en la capital: pasó de 20,9% a 17,6%.

En el caso de la desnutrición aguda (bajo peso para la talla), aunque ésta no se ha logrado erradicar, su prevalencia en la primera infancia ha disminuido en 1,5 puntos porcentuales durante la última década: pasó de 2,6% a 1,1%. Respecto al indicador de desnutrición global (peso en relación con la edad cronológica), éste registra una disminución de 1,6 puntos porcentuales en la última década, es decir, su prevalencia pasó de 6,4% a 4,8% entre 2008 y 2018. No se puede pasar por alto el bajo peso al nacer (bebés prematuros que nacen antes de la semana 38 de gestación o que, a pesar de nacer a término, tienen un peso inferior a los 2.500 gramos). La tendencia del bajo peso al nacer muestra una situación preocupante, pues a pesar de presentar una disminución desde el año 2012, en el último lustro se evidencia un incremento constante. En Bogotá, entre 2015 y 2018, la prevalencia de bajo peso al nacer pasó de 12,1% a 13,5%.

En cuanto al exceso de peso en niños y niñas menores de 5 años en Bogotá, a pesar de la disminución de su prevalencia en 1,2 puntos porcentuales entre 2008 y 2018, en los dos últimos años este tipo de malnutrición pasó de 9,6% a 10,1%, es decir, uno de cada diez menores de 5 años presenta hoy exceso de peso.

6. Si bien la ciudad ha avanzado en esfuerzos intersectoriales contra la desnutrición crónica, hay que prestarle mayor atención dado que Bogotá observa la mayor prevalencia del país. En Colombia, el retraso en la talla en niños menores de 5 años es del 10,8%. Bogotá es la región del país con mayor retraso de talla para la edad (13%) en la primera infancia.

7. Las intervenciones deben ser más focalizadas en el territorio, garantizando un seguimiento y acompañamiento a familias y cuidadores. Al observar los datos de desnutrición crónica por localidades se encuentra que, en el transcurso de diez años, el 95% de éstas lograron una disminución en la prevalencia de retraso en talla; en particular, Santa Fe, Rafael Uribe Uribe, La Candelaria, Los Mártires, Antonio Nariño y Usaquén registraron la mayor disminución. Preocupa, sin embargo, la situación en la localidad de Sumapaz, donde la prevalencia de la desnutrición crónica (24,9%) supera en 7,3 puntos porcentuales la de Bogotá, seguida por Ciudad Bolívar, San Cristóbal y Usme, que mostraron prevalencias superiores en 5,2 y 5 puntos porcentuales, respectivamente, a las de la capital.

En desnutrición aguda, nuevamente,la localidad de Sumapaz, con un 2,1% de prevalencia, supera el indicador en Bogotá (1,1%); por su parte, localidades como San Cristóbal y Tunjuelito presentan prevalencias de 2 y 3 décimas por encima del promedio de la capital, respectivamente (1,3% y 1,4%). Barrios Unidos, Engativá y Suba registran las prevalencias más bajas: 0,6%, 0,7% y 0,8%, respectivamente.

8. La población menor de cinco años ha disminuido por efecto de la transición demográfica, particularmente por el descenso de la natalidad en la ciudad. En Bogotá,la tasa de natalidad ha venido en descenso, pasando de 16,4 nacimientos por cada 1.000 habitantes en 2008 a 11,4 en 2018. Entre 2008 y 2018 se ha reducido en un 25% el número de niños y niñas nacidos vivos en Bogotá, al pasar de 117.563 a 87.349.

9. La distribución territorial de la primera infancia no es homogénea y evidencia desigualdades en la ciudad. En 2018, el 58% de los nacimientos ocurrió en 5 de las 20 localidades: Kennedy, Suba, Ciudad Bolívar, Bosa y Engativá, las más pobladas de la ciudad.

10. Preocupa violencia contra los niños. Se debe prestar atención al alto número de casos de maltrato y violencia sexual, hechos que suelen suceden al interior del hogar. En 2018 se registraron 715 casos de maltrato infantil (dos casos diarios de maltrato contra la primera infancia) y 723 dictámenes por presunto abuso sexual (cifras del Instituto Nacional de Medicina Legal). De 2015 a 2018, el número de homicidios de niñas y niños de la primera infancia ha fluctuado entre los 4 y los 7 casos por año; en accidentes de tránsito, las cifras han variado entre los 3 y los 6 casos anuales y en muertes accidentales, se reporta un promedio de 13 casos por año en este mismo periodo. La violencia contra niñas y niños menores de cinco años en la ciudad es una realidad preocupante pues revela la inseguridad y los riesgos existentes en los entornos responsables de su cuidado y protección.

 Recomendaciones

  1. Hacer intervenciones desde la perspectiva de la atención integral donde se incluyan acciones para fortalecer las capacidades de la familia y el entorno social del niño.
  2. Ajustar los servicios de atención a la primera infancia a las nuevas dinámicas demográficas, atendiendo sectores donde se concentra la mayor demanda.
  3. Fortalecer los programas dirigidos a garantizar el máximo nivel de bienestar durante los primeros 1.000 días de vida de cada niña o niño, esto es, desde que está en gestación hasta su segundo año de vida. Ello supone que todos los actores trabajen para asegurar a la mujer las mejores condiciones durante el embarazo y el parto; y al niño, el conjunto de atenciones definidas como necesarias para su sano crecimiento y desarrollo, incluidas las de prevención y promoción.
  4. Continuar con el trabajo de coordinación intersectorial para asegurar la atención integral de la primera infancia en Bogotá, condición indispensable en una política pública de enfoque poblacional.
  5. Mantener los programas que han demostrado ser efectivos para la reducción de la maternidad en niñas y adolescentes, incrementándolos en las localidades donde se registra el mayor número de casos.
  6. La lucha contra la violencia hacia las niñas y niños en primera infancia debe convertirse en una meta prioritaria para todas las instituciones y la sociedad, por sus múltiples consecuencias individuales y colectivas.
  7. Implementar y monitorear la Guía de Atención y Prevención de la Desnutrición Crónica con enfoque de Salud Pública, como medida prioritaria de intervención al problema de desnutrición crónica de la ciudad.
  8. Para disminuir la prevalencia de la desnutrición crónica no son suficientes los programas de complementación alimentaria; se requiere, además, garantizar condiciones de vida digna a los niños y sus familias y realizar acciones de acompañamiento para fortalecer ciertas prácticas relacionadas con los estilos de vida saludables.
  9. Se requieren acciones para evitar incremento en la prevalencia de exceso de peso y disminuir el porcentaje de sobrepeso y obesidad en la primera infancia para evitar riesgos en la salud en la etapa escolar.
  10. Establecer estrategias integrales de promoción y educación en espacios sociales y comunitarios para afrontar las situaciones que motivan a las madres a abandonar la práctica de lactancia exclusiva o a suspender totalmente la alimentación con leche materna.
  11. Se requiere hacer un mayor énfasis en garantizar redes de cuidado en los espacios públicos y privados que habitan las niñas y los niños de la primera infancia.
Calidad de vida

Bogotá, centro empresarial

Omar Oróstegui Restrepo 

Director Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

Bogotá se consolida hoy como el mayor centro empresarial del país. Cuenta con más de 490.000 empresas y, en los últimos diez años, ha registrado un promedio anual de creación de 64.000 compañías, según cifras de la Cámara de Comercio de Bogotá, lo cual refleja una interesante dinámica.

La capital, actualmente, concentra el 29% de las empresas en Colombia. Aquí, vale destacar, se produce el 92% de los servicios creativos y funciona el 90% de las productoras audiovisuales, el 73% de las empresas de contenidos digitales, el 40% de la industria de la música en vivo y el 40% del mercado de la moda en el país, entre otros.

En la última década, por ejemplo, se duplicó en la ciudad el número de empresas con capital extranjero: pasamos de 677 a más de 1.500 sociedades extranjeras, varias de ellas con negocios globales. En América Latina, Bogotá es la quinta mejor ciudad para los negocios y la cuarta más atractiva para invertir.

La capital aporta, actualmente, el 26% del PIB y genera el 18,3% de las exportaciones del país.

Todos estos números nos imponen varios retos: seguir con las apuestas de turismo especializado, apoyar mayores iniciativas de clúster e innovación para el emprendimiento y continuar con la gestión de atraer mayor inversión, cultura y eventos internacionales a la ciudad.

* Columna de opinión del director publicada en el diario ADN

Calidad de vida

Una ciudad de parques

Omar Oróstegui Restrepo 

Director Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

Hoy, según datos de la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte, Bogotá cuenta con 515 equipamientos culturales, distribuidos en 137 bibliotecas, 99 centros culturales y artísticos, 92 teatros, 38 salas de cine y 36 museos.

Estos bienes y servicios son vitales para el disfrute de la ciudad, la construcción de ciudadanía, el acceso al conocimiento y el arte y el fortalecimiento del tejido social. Además, son esenciales para reducir desigualdades y encontrarnos como bogotanos en el espacio público.

Su presencia, sin embargo, no está repartida de forma equitativa en la capital. Mientras que el 40% de los equipamientos culturales se concentra en Teusaquillo (63), Chapinero (60), Santa Fe (56) y La Candelaria (45), localidades como Sumapaz (1 equipamiento), Antonio Nariño (6) y Los Mártires (7) solo tienen el 3% de éstos.

En el caso de los equipamientos recreativos y deportivos, la localidad de Suba concentra el mayor número de parques y escenarios deportivos (933), seguida por Kennedy (550) y Engativá (535); por su parte, Sumapaz (3 equipamientos), La Candelaria (11) y Los Mártires (45) tienen el menor porcentaje de dicha infraestructura.

De otro lado, aunque no existe una variación significativa en los metros cuadrados de parque de perímetro urbano por habitante, en los últimos 3 años (se mantiene en 3,3), cabe destacar que entre 2017 y 2018 creció en 105 la cifra de parques y escenarios deportivos en la capital: se pasó de 5.029 a 5.134, según cifras del IDRD. Se crearon 3 parques nuevos en Sumapaz, 26 en Suba, 18 en Kennedy, 14 en Ciudad Bolívar, 12 en Usaquén y 10 en Fontibón.

Así las cosas, un reto para la próxima Administración es brindar acceso equitativo a escenarios culturales, recreativos y deportivos, con mayor presencia de éstos en aquellas localidades con déficit de infraestructura. Esto, a fin de promover el disfrute comunitario de actividades culturales y práctica deportiva, vitales para tener una mejor calidad de vida en la ciudad.

* Columna de opinión del director publicada en el diario ADN

Calidad de vida

Menos deserción escolar

Omar Oróstegui Restrepo 

Director Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

En medio de un sinfín de noticias desalentadoras sobre lo que pasa diariamente en Bogotá, vale la pena destacar un hecho positivo que merece toda nuestra atención: el descenso de la deserción escolar en los colegios públicos de la ciudad.

Hoy, tenemos la tasa de abandono más baja de la última década: 1,6%. Y al mirarla por nivel educativo, encontramos que en la educación secundaria es más notable su descenso: entre 2015 y 2017 pasó de 4,9% a 1,9%.

¿Qué explica estos resultados? Estrategias como la identificación e intervención de planteles educativos con mayores índices de deserción; la búsqueda, casa a casa, de niños que han abandonado su estudio; el mejoramiento urbano y social de los entornos escolares y la formación docente han contribuido a este significativo logro.

Cabe resaltar, frente al último aspecto, que un buen profesor incide en la permanencia de sus estudiantes cuando los enamora del aprendizaje, valora sus talentos, reta su creatividad, alimenta su curiosidad y los apoya en la construcción de un proyecto de vida. La calidad del docente, sin duda, se refleja en la calidad de la formación que reciben sus pupilos.

Lograr que los niños y jóvenes permanezcan en el sistema educativo no solo disminuye el riesgo de un embarazo a temprana edad, sino que los aleja de la delincuencia y la drogadicción. Precisamente, un reciente estudio de la Universidad de los Andes demostró que la ampliación de la jornada escolar tiene un efecto en la reducción de los índices de criminalidad en los alrededores de los planteles educativos donde ésta se ha implementado.

Ahora que hay cambio de Administración, no hay que bajar la guardia en el tema. Bienvenidos todos los esfuerzos por retener a nuestros niños y jóvenes en el sistema educativo, lo cual debe ir de la mano con la ampliación y mejoramiento de la infraestructura educativa, mayores oportunidades de acceso a la educación superior y generación de empleos de calidad.

* Columna de opinión del director publicada en el diario ADN

* Fotografía: Cortesía – Prensa Secretaría de Educación Distrital

Calidad de vida

Transmilenio, un bien público que debemos preservar

Omar Oróstegui Restrepo 

Director Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

El uso indebido e irrespetuoso que hacen algunos bogotanos del sistema Transmilenio es una muestra más de la ausencia de cultura ciudadana en el transporte público.

Aunque es complejo controlar muchas de esas conductas que a diario se viven en las estaciones y articulados, es necesario aplicar con más rigor el Código Nacional de Policía y Convivencia, el cual contempla, al menos, 16 comportamientos contrarios a la convivencia en el transporte masivo.

La continua violación de esta norma hace necesario fortalecer la intervención de la Policía en el sistema, así como repensar las estrategias para promover el respeto, buen uso y cuidado del mismo. De igual forma, el manual del usuario del sistema integrado de transporte público contiene una serie de derechos y deberes cuyo cumplimiento debe ser exigible de manera constante y no solo cuando ocurran hechos puntuales.

Preocupa, precisamente, que dos de los comportamientos ciudadanos con mayor número de multas en Bogotá ocurran en el transporte público: evadir el pago de la tarifa (37.238 comparendos en 2018) e ingresar y salir de estaciones o portales por lugares indebidos (23.657 comparendos).

A esto se suma la presencia permanente de ventas ambulantes, mendicidad y robos dentro del sistema, que afectan la tranquilidad de los usuarios.

Si bien existe inconformidad por la calidad del servicio que hoy presta Transmilenio, ello no puede ser excusa para maltratarlo y vandalizarlo. Se trata de un bien público que todos debemos preservar.

* Columna de opinión del director publicada en el diario ADN

 

Calidad de vida

Así perciben las mujeres su calidad de vida en…

Mujeres son menos optimistas sobre cómo va Bogotá

El 71% de las mujeres bogotanas cree que las cosas van por mal camino en la ciudad y un 29%, por buen camino. En el caso de los hombres, el 61% cree que las cosas van por mal camino y el 39%, por buen camino.

 

Mujeres, poco orgullosas de la ciudad

Nuevamente, las mujeres son más críticas con Bogotá respecto a los hombres: el 34% de ellas manifiestan sentirse orgullosas con la ciudad en comparación con el 50% de los hombres.

 

Menos satisfechas con Bogotá como una ciudad para vivir

El 43% de las mujeres y el 51% de los hombres manifiestan sentirse orgullosos de Bogotá como una ciudad para vivir.

 

Pérdida de empleo y costo de vivienda, alimentos, servicios públicos y transporte, principales razones de las mujeres para considerar que la situación económica de su hogar ha empeorado

Aunque son menos las mujeres que consideran que la situación económica de su hogar ha empeorado (31%) en comparación con los hombres (35%), las razones que aducen para dicho deterioro tienen un mayor peso en esta percepción respecto a lo que opinan los hombres. Para el 38% de ellas y el 18% de los hombres, el hecho de que uno o más miembros de la familia hayan perdido su empleo incide fuertemente en que la situación económica haya empeorado.

En segundo lugar, desde la percepción femenina, aparece el costo de la alimentación: así lo afirman el 32% de las mujeres y el 24% de los hombres. La tercera razón para ellas es el costo de los servicios públicos (29%), igual que en el caso de los hombres (29%). La cuarta razón con mayor peso para las mujeres es el costo de la vivienda (25% de ellas lo afirma), mientras que solo el 18% de los hombres así lo considera. Otra razón del deterioro de la situación económica en el hogar es el costo del transporte: así lo expresa el 23% de las mujeres y el 15% de los hombres.

 

Las mujeres se sienten más satisfechas con la educación que reciben sus hijos

El 72% de las mujeres se sienten satisfechas con la educación que reciben sus hijos frente al 63% de los hombres.

 

Ellas califican mejor el servicio de salud

Mientras el 49% de las mujeres se sienten satisfechas con el servicio de salud que recibieron durante el último, así lo manifiestan el 39% de los hombres.

 

Mujeres se sienten más inseguras en la ciudad y en el barrio

El 37% de las mujeres se sienten inseguras en el barrio frente al 30% de los hombres. En Bogotá, el 61% de ellas se sienten inseguras en comparación con el 53% de los hombres que así lo expresa.

Sin embargo, los hombres son, en mayor proporción, víctimas de algún delito (el 35% lo manifiesta) en comparación con las mujeres (el 30% de ellas afirma haber sido víctima).

 

Para ellas, los tiempos de viaje son más largos

El 63% de las mujeres percibe que sus trayectos habituales tomaron más tiempo en el último año, en comparación con el 58% de los hombres que así lo considera.

 

Las mujeres utilizan más TransMilenio y SITP que los hombres y caminan más que ellos

El 37% de las mujeres manifiesta utilizar TransMilenio como su principal medio de transporte; el 18% dice desplazarse, principalmente, en SITP; el 9% en bus o buseta; el 9% camina; el 11% en carro particular; el 5% bicicleta y solo el 3% en moto. En cuanto a los hombres: el 32% usa TransMilenio como su principal medio de transporte; el 13%, SITP; el 5% bus o buseta; el 4% camina; el 16% se desplaza en vehículo particular; el 12% se mueve en bicicleta y el 13% usa moto.

 

Las mujeres califican peor el espacio público en la ciudad

El 39% de las mujeres se sienten insatisfechas con el espacio público disponible en la ciudad frente al 33% de los hombres.

 

Ellas están más insatisfechas con el medio ambiente en Bogotá

Cuando se les pregunta su nivel insatisfacción con diversos aspectos del medio ambiente en la ciudad, el 80% de las mujeres manifiestan estar insatisfechas con la contaminación del aire; el 68% con la contaminación del agua y de los ríos; el 74% con el nivel de ruido; el 57% con la cantidad de árboles; el 68% con la contaminación visual; el 75% con las basuras en las calles y el 76% con los escombros en las calles.

En cuanto a los hombres: el 78% manifiestan estar insatisfechos con la contaminación del aire; el 63% con la contaminación del agua y de los ríos; el 69% con el nivel de ruido; el 55% con la cantidad de árboles; el 64% con la contaminación visual; el 72% con las basuras en las calles y el 71% con los escombros en las calles.

Calidad de vida

Los árboles, vitales para una ciudad sostenible

Omar Oróstegui Restrepo 

Director Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

Los árboles son esenciales para una ciudad sostenible. Tienen un rol protagónico en la descontaminación del aire y en la disminución de la ola de calor; además, son vitales para captar dióxido de carbono, aumentar la biodiversidad y controlar inundaciones.

Un estudio publicado en 2016 por The Nature Conservancy afirma que sembrar árboles en las ciudades es una medida costo-efectiva para reducir la concentración de material particulado y regular las temperaturas. Su plantación en el espacio público, junto con otras estrategias, ayuda a limpiar el aire urbano.

Su capacidad para mitigar la contaminación ambiental se limita al sector donde se encuentren ubicados. Además, no todos los árboles tienen la misma eficacia en la limpieza del aire, pues su acción depende, en gran medida, del tipo de especie, de la densidad de su copa, de su tamaño, de su ubicación y de su distribución urbana. Incluso, la dirección del viento también juega un rol relevante.

Aquí la planificación urbana es clave en la definición de los sitios estratégicos para sembrar árboles, así como las especies más indicadas. De otro lado, su tala también debe ser analizada con detalle y ojalá socializada con la comunidad; en lo posible, debe ser el último recurso de acción ante una enfermedad o deterioro, pues un árbol con años acumulados y de gran follaje tiene una enorme capacidad de absorber dióxido de carbono.

En Bogotá, según cifras del Observatorio Ambiental, entre 2016 y 2018 se han sembrado 26.811 árboles en el espacio público. No podemos bajar la guardia en esta tarea: hay que aumentar su presencia en la ciudad pero de una forma planeada y organizada según las necesidades de los distintos sectores de la capital.

* Columna de opinión del director publicada en el Diario ADN

Calidad de vida

El gran problema ambiental urbano

Por: Omar Oróstegui Restrepo 

Director Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

La contaminación del aire es hoy el principal problema ambiental de las ciudades en todo el mundo.  Y si bien no es algo nuevo, tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como diferentes centros de investigación y universidades de distintas latitudes vienen alertando, de tiempo atrás, sobre los graves problemas de salud asociados a una mala calidad del aire.

Las cifras son preocupantes. La OMS estima que cada año fallecen 7 millones de personas por el aire que respiran, principalmente por causa de enfermedades pulmonares, accidentes cerebrovasculares, cáncer de pulmón y enfermedades cardiacas. Las investigaciones más recientes han demostrado que el problema va mucho más allá: Algunos estudios asocian una mala calidad del aire con demencia, diabetes y abortos espontáneos. Incluso, hay evidencia de material particulado en las placentas de madres expuestas al aire contaminado.

Y es que esas pequeñas partículas (polvo, hollín, cenizas, polen y metales ligeros, entre otros), invisibles a simple vista, tienen un enorme potencial de daño que se agrava si se está más cerca de las fuentes emisoras o existe un prolongado tiempo de exposición. Las partículas más pequeñas llegan a los pulmones, pero también al sistema circulatorio y cerebro, según estudios.

El problema sigue creciendo. Sus orígenes se remontan al proceso de industrialización de las ciudades y al crecimiento demográfico que esto conlleva. Hoy en día, el 80% de las áreas urbanas muestran niveles que sobrepasan las normas técnicas de la OMS, en particular el sureste asiático, donde India tiene 25 ciudades entre las 50 más contaminadas del mundo mientras China tiene 8.

Por lo regular, donde hay más automotores, congestión vehicular, consumo de Diesel, industria con pocos controles y quema de residuos a cielo abierto, hay altas probabilidades de tener un aire muy contaminado.

Bogotá no es ajena a este fenómeno. En la última década, el parque automotor se duplicó. Hoy tenemos 2.418.264 vehículos. Los vehículos particulares crecieron un 95% mientras las motos un 228% y el transporte público tan solo un 13%. A pesar de ello, los resultados de la última Encuesta de Percepción Ciudadana del programa Bogotá Cómo Vamos muestran que 6 de cada 10 bogotanos se mueve en transporte público como su principal medio.

Lo paradójico es que desde hace más de 10 años se registra una disminución sostenida en el tiempo de la concentración promedio anual del material particulado PM10. En el 2005 se reportaban 74 microgramos por metro cúbico y hoy estamos cerca de 40 μg/m3, todavía lejos de la norma OMS: 20 μg/m3. Esta mejoría fue marginal y se debe a una gasolina de mejor calidad y mejor tecnología en los motores. Pero persiste una baja calidad en el combustible diesel, una alta densidad de tráfico vehicular, una infraestructura vial con problemas y una débil gestión en los programas de inspección y mantenimiento de vehículos. Un motor mal calibrado, viejo y sin filtros contamina más.

Medidas de choque y medidas a largo plazo

Los acontecimientos recientes nos recordaron nuevamente, como sucede en febrero -donde hay poco viento-, que el problema se mantiene, pues las fuentes móviles siguen aportando más de la mitad de la contaminación, en especial los automotores que funcionan con diesel (transporte de carga y transporte público); que las fuentes fijas del sector industrial y comercial aportan un 44% y que los incendios forestales tan solo un 2%.

Lo peor es que el problema se sigue concentrando en las mismas áreas donde hace tiempo sabemos que existe una mala calidad del aire. Por ejemplo, el occidente y el sector de la Sevillana en el sur. Allí hay un alto tráfico vehicular, sobretodo de carga, presencia de industrias sin las correctas medidas de control en sus procesos industriales, baja pluviosidad y una malla vial en regular estado.

Si bien hay avances normativos y legales en los últimos años, gracias a esos protocolos es que se decreta la alerta; los expertos coinciden en que hay que tener medidas de choque para casos de emergencia y medidas sostenidas en el largo plazo, con incentivos para reducir los costos asociados y sanciones para evitar que el problema siga creciendo.

Las ciudades se están dando cuenta que la receta tradicional de control al diésel es insuficiente. Se requiere una intervención más compleja que incluya, en primer lugar, un diseño urbano que promueva la densificación y los usos de suelo mixto, para que la gente viva cerca de su trabajo y realice trayectos más cortos, camine más y no dependa tanto del carro.

Segundo: es necesario mejorar el transporte público y su infraestructura, haciéndolo más eficiente y menos contaminante. Incluso, muchas urbes en el mundo han optado por ampliar los carriles exclusivos para el transporte público y, en algunos casos, por permitir la circulación de carros eléctricos particulares y bicicletas por dichos carriles. Y tercero, la incorporación de nuevas tecnologías, como filtros y motores con bajas emisiones.

La promoción de apps que permitan conocer, en tiempo real, los corredores más contaminados, ayudaría a la gente a decidir sobre el mejor momento para salir a la calle y el medio más efectivo para movilizarse. Adicionalmente, es fundamental un compromiso por mantener y ampliar la infraestructura verde, con más áreas públicas, construcciones eco-eficientes y un arbolado urbano amplio.

De no hacer nada, el problema seguirá creciendo así como la insatisfacción de los ciudadanos con la calidad del aire, que ronda el 80% en Bogotá; sin mencionar los impactos en la salud, la economía y la calidad de vida en las ciudades, como bien advirtió la OMS el pasado noviembre en su cumbre mundial sobre calidad del aire.

Artículo publicado en el diario El Tiempo

Calidad de vida

Bogotá está congestionada

Omar Oróstegui Restrepo 

Director Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

En una reciente medición del tráfico en más de 200 ciudades del mundo, elaborada por el INRIX Global Traffic, Bogotá aparece en un preocupante tercer lugar como una de las urbes con mayor congestión vehicular. Los bogotanos, según este índice, perdemos 272 horas en los trancones, el tiempo más alto entre las capitales analizadas.

Según este informe, en el top 5 de las más congestionadas aparecen, además de Bogotá, ciudad de México y Sao Paulo. “Su vertiginoso ritmo de urbanización, altos niveles de asentamientos informales, compleja topografía e inestabilidad financiera dificultan mejorar la movilidad en estas urbes latinoamericanas”, afirma la publicación. Sin embargo, hoy las discusiones van más allá de la gestión de tráfico, y se centran en tratar de resolver cómo incentivar la movilidad intermodal y el mayor uso del transporte público.

Nuestra Encuesta de Percepción Ciudadana 2018 arroja, por ejemplo, que el 61% de los capitalinos considera que sus trayectos habituales duraron más tiempo en el último año. Al mirarlo por zonas, encontramos que en el suroriente lo afirma el 67%, en centro-oriente el 62% y en el norte, el 61%.

Si bien la congestión vehicular tiene impactos económicos negativos, para aquellos que se usan el carro particular, cerca del 13%, es necesario estimular el crecimiento y desarrollo de modos de desplazamiento más eficientes y sostenibles, fortaleciendo el transporte público y priorizando corredores viales para peatones y biciusuarios.

Vale la pena, entonces, hacer hincapié en la importancia de crear nuevas estrategias que incentiven el uso del transporte público en la ciudad. Para ello, es necesario mejorar la calidad del servicio, la infraestructura, las frecuencias de los buses y, sin duda, brindar mayor seguridad a los usuarios del sistema.

* Columna de opinión del director publicada en el Diario ADN

Calidad de vida

¡Qué vuelva la cultura ciudadana!

Omar Oróstegui Restrepo 

Director Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

Hace más de dos décadas, en Bogotá floreció un concepto que hoy es común en las discusiones a diario entre los bogotanos pero que en el contexto cotidiano parece haber perdido sentido y rumbo: la cultura ciudadana.

Este tema, que en su momento replicaron varias ciudades del mundo, no puede volverse paisaje. Hay que volver a su origen.

La más reciente encuesta de cultura ciudadana de Corpovisionarios, que entrevistó a 3.630 personas, nos muestra, con preocupación, un creciente rechazo a personas de nacionalidad distinta (intolerancia pasó del 3% al 12%), a gente que profesa una religión diferente (pasó del 4% a 12%) y a enfermos de VIH (en este caso, la intolerancia subió del 20% a 32%).

¿Qué pasa con el respeto a la diferencia? ¿Cómo estamos construyendo nuestras relaciones interpersonales? ¿Cómo nos estamos relacionando con nuestro entorno? El buen comportamiento y la empatía se alimentan en el seno de la familia, se fortalecen en el aula de clase y se catapultan con estrategias de política pública que alienten la tolerancia y la solidaridad en distintos espacios de convivencia.

La cultura ciudadana no puede restringirse al ámbito institucional. De nada sirve contar con equipos de trabajo en el tema, en distintas secretarías distritales, si el bogotano de a pie no asume ni pone en práctica la razón de ser de este concepto, que se basa en la convivencia y en los cambios de comportamiento sin necesidad de la coerción o la sanción económica. El esfuerzo por construir una sociedad más tolerante debe cimentarse en un compromiso personal con la defensa del bien público, del bienestar colectivo y de la calidad de vida.

En época de redes sociales, donde muchos comparten los malos comportamientos en Transmilenio, las acciones de quienes ejercen por mano propia la justicia cuando capturan a un ladrón o las peleas entre vecinos por problemas de convivencia, qué bueno sería recordar para qué nos sirve la cultura ciudadana.

 

* Columna de opinión del director publicada en el Diario ADN