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¿Cómo van las localidades del borde oriental de Bogotá?

Bogotá Cómo Vamos y los alcaldes de las localidades del borde oriental de la ciudad (Usaquén, Chapinero, Santa Fe, La Candelaria, San Cristóbal y Usme) analizaron, el pasado 20 de octubre, los indicadores de calidad de vida en estas zonas de la capital y las problemáticas que más afectan a sus residentes.

Asentamientos ilegales, acumulación de escombros, problemas de movilidad y ausencia de conexión vial fueron algunos de los problemas identificados por los alcaldes locales.

También preocupan algunos indicadores en salud pública,  seguridad y convivencia y pobreza. A esto se suma familias asentadas en cuencas hidrográficas y en zonas de alto riesgo y falta de parqueaderos.

Usaquén y Santa Fe, por ejemplo, tienen unas de las mayores tasas de mortalidad materna por cada 100.000 nacidos vivos (32,2 y 147,8, respectivamente) y Usme (9,8) y San Cristóbal (9,2), por su parte, registran altas tasas de mortalidad infantil por cada 1.000 nacidos vivos.

La localidades de Santa Fe y Usme presentan un elevado déficit habitacional (16,8% y 14,3%, respectivamente) y Usaquén y Usme muestran altas cifras de ocupaciones ilegales: la primera, con alrededor de 2.000 hectáreas y la segunda, con más de 600 hectáreas.

Estas dos últimas localidades también se ven afectadas por los escombros (unas 470.000 toneladas al año) y Usaquén, en particular, por los vertimientos ilegales.

En Usme, la minería ilegal y la disposición inadecuada de residuos también están afectando a sus habitantes.

Santa Fe tiene, además, una elevada tasa de homicidios (64,2), valores superiores a la tasa de ciudad en violencia intrafamiliar (383 casos por cada 100.000 habitantes) y una de las tasas más altas de hurto a personas: 1.504,1.

En la localidad de San Cristóbal, el 40 por ciento de los niños vive en hogares pobres. Y en Chapinero, lo hace el 15% de jóvenes. En Usme, Santa Fe y San Cristóbal se encuentran muchos adultos  mayores en condición de pobreza.

Sobre estos indicadores, dijeron los alcaldes, no tienen mayor incidencia, pues varias de las decisiones políticas para cambiar estas realidades dependen de la Administración Distrital y, en casos particulares, de la Nación.

En cuanto a los asentamientos ilegales, particularmente en los cerros, los funcionarios locales afirmaron que es difícil controlar esta invasión y que un esfuerzo en ese sentido debe realizarse de forma interinstitucional.

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Hay que repensar las estrategias para reducir y medir…

 

Hoy, la pobreza en la ciudad afecta más a las mujeres cabeza de hogar, a las personas entre 15 y 35 años, a los comerciantes y a los pensionados. En el último año, el índice de precios (inflación) y la redistribución de los ingresos contribuyeron al incremento del nivel de pobreza en la ciudad.

Entre 2015 y 2016, la pobreza monetaria pasó del 10,4% al 11,6%; la extrema, del 2 al 2,3% y la multidimensional, del 4,7% al 5,9%. Actualmente, 925.680 bogotanos pobres reciben menos de $265.559 al mes y 183.540 que viven en pobreza extrema, $119.957 al mes.

“El aumento de los niveles de pobreza en Bogotá recoge la inercia de las condiciones macroeconómicas del país y la ciudad… una manera de revertir esta tendencia es pensar en estrategias que permitan focalizar mejor los recursos públicos que se asignan a través de subsidios”, dijo Antonio José Avendaño, subsecretario de Información y Estudios Estratégicos de la Secretaría Distrital de Planeación, durante la mesa convocada por Bogotá Cómo Vamos para analizar las razones del aumento de la pobreza en la ciudad.

De lo contrario, enfatizó el funcionario, se podrían seguir entregando ayudas que estén mejorando las condiciones de personas que por sus propios medios ya pueden hacerlo, y no estar llevando los subsidios a quienes están en peores condiciones.

Para ello, dijo, se está trabajando en el cruce de bases de datos regionales y nacionales a fin de identificar a los bogotanos realmente vulnerables y lograr que les lleguen los subsidios.

“Es necesario mirar el efecto que tienen los precios de los alimentos y el transporte en los hogares pobres –afirmó Omar Oróstegui Restrepo, director de Bogotá Cómo Vamos-. También, mejorar la entrega de subsidios y revisar la estratificación. En la ciudad, hay pobreza y riqueza ocultas en diferentes localidades, y algunos podrían estarse beneficiando del entorno, pagando pocos impuestos, a pesar de contar con altos ingresos. Se debe revisar en detalle quiénes están hoy en el Sisbén y no deberían estarlo”.

Por su parte, el consultor e investigador Manuel Riaño aseguró que la desaceleración de la economía ha impactado negativamente al comercio de la capital, por lo cual, 90.000 bogotanos perdieron sus empleos en el sector durante el último año. Respecto a la pobreza multidimensional, aclaró, su aumento ha estado supeditado al incremento en las condiciones de hacinamiento de los bogotanos.

“Además de trabajar en temas de vivienda, salud, educación y lucha contra el trabajo infantil, hace falta un esfuerzo mayor en inclusión productiva, y no solo en inclusión social, la cual también es clave”, indicó el experto.

La evolución de la pobreza multidimensional, según Avendaño, demanda acciones que contribuyan a mejorar las condiciones de empleabilidad formal, reducir el rezago escolar y el hacinamiento crítico.

Desarrollar equipamientos asociados al transporte público en población vulnerable, mejorar la calidad de la educación secundaria y media y fortalecer la formación técnica y tecnológica en Bogotá, son otras acciones que ayudarían a reducir los niveles de pobreza en la ciudad, según los expertos.

En 2016, los ingresos del 10% de la población con mayores recursos eran 18.68 veces los ingresos del 40% de la población menos favorecida. El ingreso medio per cápita de los hogares pobres es hoy la séptima parte del ingreso medio per cápita de los hogares no pobres en la ciudad.

Mesas Técnicas

Negligencia y malos diagnósticos contribuyen a la mortalidad materna

Descuido, negligencia, diagnósticos erróneos y ausencia de seguimiento a protocolos médicos contribuyen hoy a la mortalidad materna en Bogotá.

Así lo afirmó el Secretario Distrital de Salud, Luis Gonzalo Morales, durante una mesa técnica sobre el tema convocada por Bogotá Cómo Vamos, en asocio con el grupo de salud pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes y Así Vamos en Salud.

En 2016, según datos oficiales, fallecieron 27 maternas en la ciudad y en lo corrido del año (con corte a 2 de septiembre) van 20. Las mujeres entre 15 y 19 años y 35 y 39 años son el grupo de edad con mayor número de fallecidas por cada 100.000 nacidos vivos.

Hoy, las causas directas de la mortalidad materna siguen siendo las mismas de años anteriores: trastornos hipertensivos (23%), hemorragias (16%), trombosis y embolias (10%) e infecciones (8%).

“El problema no es de acceso sino de oportunidad. En los últimos casos, hemos visto que las maternas llegan tarde a la institución hospitalaria o lo han hecho al lugar equivocado, en el cual no hay personal con suficiente habilidad y experiencia para manejar dichos casos. Las mujeres se siguen muriendo por circunstancias complejas que no pueden ser manejadas en cualquier sitio”, dijo el Secretario de Salud.

Por lo anterior, señaló el funcionario, se buscará concentrar en unos pocos lugares las unidades especializadas de atención obstétrica e infantil para mejorar la calidad de la atención en Bogotá.

“Estamos en el proceso de definir no solo cuántas unidades sino dónde deberían quedar y qué personal debería estar allí… En principio, hemos pensado en que haya por lo menos un sitio especializado en cada una de las cuatro subredes. Hablamos, por ejemplo, de la creación de una unidad especializada de pediatría en el Hospital El Tintal, construir un nuevo instituto materno infantil y fortalecer la atención de las maternas y los niños en Suba, localidad que concentra población vulnerable”, agregó Morales.

Actualmente, el 66% de las muertes maternas se concentran en los estratos 2 y 3 y el 61% de los decesos corresponde a mujeres con bajo nivel educativo. El riesgo de mortalidad materna es tres veces mayor en el régimen subsidiado.

“Hay evidencia internacional, tanto en Europa como en Latinoamérica, de que los servicios de ginecoobstetricia deben ser especializados, atendidos por personal experto y con infraestructura y equipamiento adecuados, pues casi el 60 por ciento de la mortalidad materna está asociada a fallas en la calidad de los servicios. Si concentramos esos sitios es mas fácil atender a las gestantes. Tener servicios de baja calidad es un factor adicional que favorece la mortalidad. La propuesta es que Bogotá tenga cuatro o seis lugares de atención exclusiva para el parto y el recién nacido”, indicó, por su parte, Luis Jorge Hernández, director del grupo de salud pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes.

Según Morales, Medellín tiene la mitad de la mortalidad materna (proporcionalmente) de Bogotá y su estrategia ha sido concentrar la atención de los partos en solo dos lugares de la ciudad. La capital tiene más de 45 sitios “lo que aparentemente genera acceso pero no garantiza la atención de las mujeres por parte de personal idóneo”, agregó el Secretario.

Actualmente, Bogotá registra de 25 a 30 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos, mientras que en Medellín se presentan 12 casos por cada 100.000 nacidos vivos (en Colombia son, en promedio, 54). Aunque en la ciudad viene disminuyendo la mortalidad materna –con unos picos en ciertos años-, la cifra aún sigue siendo alta.

“La mortalidad materna e infantil deben verse como un problema de inequidad social más que del sector salud”, puntualizó el Secretario Morales.

De igual forma, enfatizó en que se intensificará la vigilancia epidemiológica de ambas mortalidades en la ciudad, de manera que habrá un monitoreo diario de los decesos para saber cuáles son las causas detrás de cada uno de ellos y así intervenir de forma inmediata.

Alianza Construyendo Nuestra Séptima

91% de iniciativas ciudadanas sobre TM por la Séptima,…

Disponer de una flota de buses con tecnología limpia, construir estaciones verdes, asegurar un  sistema de bici-carriles conectados entre sí, permitir la interconectividad con otros modos de transporte y nombrar a las estaciones con base en el significado histórico y cultural que cada tramo tiene para los habitantes del sector, son algunas de las propuestas ciudadanas sobre Transmilenio por la Séptima que recibieron el visto bueno de la Administración y que serán incluidas en el diseño y construcción de este nuevo corredor vial.

El Distrito también les dio luz verde a las propuestas de crear un diseño integral para la estación ubicada sobre la calle 72 -de manera que preserve los elementos urbanos de la zona y refleje la identidad de centro empresarial- , preservar el patrimonio y la memoria histórica de la carrera garantizar un corredor vial verde, revitalizado.

Dichas propuestas, más de 30, agrupadas en 7 apuestas ciudadanas, recogen la visión de cerca de 200 ciudadanos, entre vecinos de la carrera Séptima, estudiantes, líderes comunitarios, académicos, colectivos sociales, empresarios y comerciantes. Todos ellos asistieron a los cinco talleres convocados por la Alianza ‘Construyendo nuestra Séptima’, iniciativa ciudadana conformada por Bogotá Cómo Vamos, Cámara de Comercio de Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, Universidad del Bosque, Corposéptima y Veeduría Distrital, que les dio voz a los bogotanos que viven y recorren este corredor vial.

Los asistentes a los encuentros trabajaron propuestas y opiniones alrededor de cuatro temas específicos: movilidad, espacio público, urbanismo y medio ambiente. Se consolidaron 20 iniciativas, las cuales se llevaron a una mesa técnica con expertos que aportaron análisis e ideas adicionales para la intervención urbana de este corredor. Los resultados de este trabajo se recopilaron en el documento ‘7 apuestas ciudadanas para Transmilenio por la Séptima’, que se entregó al Alcalde Peñalosa el 24 de abril pasado.

“Aceptamos la propuesta de los buses con tecnología limpia y estamos pensando en alternativas como un combustible Euro 6, incluso para todos los articulados, y buses eléctricos… Si se hace una foto hoy de la Séptima, entre las calles 32 y la 200, veremos sobre ella entre 1.500 y 2.000 buses. Cuando la troncal entre en servicio, habrá entre 150 y 200 buses, incluyendo los del SITP, lo que significa una reducción de la contaminación visual y auditiva, así como menos emisiones, con el mejor combustible posible”, afirmó María Constanza García, gerente del Proyecto Transmilenio por la Séptima.

La funcionaria también destacó que el diseño de la troncal, entre las calles 100 y 200, incorporará 10 kilómetros de ciclorruta, solicitud que hicieron los ciudadanos para todo el corredor, y cuya construcción no traía el diseño original.

Transmilenio por la Séptima irá de la calle 32 a la 200, tendrá 21 estaciones, 1 portal, 150 buses, un recorrido de 50 minutos y moverá, en estos 20 km, alrededor de 25.000 personas por hora-sentido. Actualmente, el Distrito está en proceso de adquirir 300 predios sobre el corredor e intervendrá 400.000 metros cuadrados de espacio público.

El corredor de la Carrera Séptima se conectará con las troncales 10, 26 y Caracas y, a futuro, con la Avenida 68 y la primera línea del metro.

A continuación, las iniciativas ciudadanas aprobadas por el Distrito que se incorporarán en el diseño del proyecto:

  •  Nombrar a las estaciones de TransMilenio con base en el significado histórico y cultural que tiene el tramo para los habitantes del sector.
  • Diseñar la 72 con Séptima como una estación integral preservando los elementos urbanos que reflejen la identidad del Centro Empresarial.
  • Conformar espacios, en sitios reconocidos, que permitan el desarrollo de múltiples actividades que resalten valores importantes como la protección del patrimonio cultural, social  y el cuidado del medio ambiente.
  • Mejorar el entorno urbano alrededor de las estaciones y generar nuevos espacios de reconocimiento, valor y disfrute de la ciudad.
  • Articular el diseño de la estación con el centro histórico de Usaquén. 
  • Conectar con los monumentos históricos aledaños y de gran valor cultural y patrimonial para el sector y la ciudad.
  • Contar con estaciones diferentes al sistema tradicional, conectadas con las características y dinámicas de los sectores.
  • Garantizar un corredor verde integrado a la estructura ecológica principal.
  • Recuperar las quebradas  e integrarlas al corredor de la Séptima, como aquellas entre la calle 183 y 200.
  • Disponer de una flota de buses con tecnologías limpias.
  • Garantizar estaciones verdes, amigables con el medio ambiente (Ej: páneles solares para iluminar estaciones)
  • Diseñar espacios para la comunidad como plazoletas, puntos de reunión, zonas verdes, en especial para la calle 183.
  • Permitir que el sistema tenga una interconectividad con otros modos de transporte.
  • Fortalecer el mobiliario urbano para el aprovechamiento económico alrededor de las estaciones.
  • Elaborar una estrategia integral de movilidad acompañada de un programa de cultura y pedagogía ciudadana.
  • Mejorar y establecer nuevos pasos seguros.
  • Asegurar que el diseño cuente con un sistema de bicicarriles conectados entre sí.
  • Promover espacios, procesos y campañas pedagógicas alrededor del significado histórico de la zona.
  • Formular un plan para mitigar los impactos de la movilidad durante la ejecución de la obra.
  • Mejorar los andenes del corredor (accesos, tamaño, mantenimiento).
  • Garantizar un acceso universal y diferencial para toda la población (adulto mayor, personas con discapacidad, niños, etc.)
  • Impulsar la participación ciudadana en las diferentes etapas de la construcción de la troncal.
  • Definir diferentes canales de comunicación hacia la ciudadanía con información pertinente, oportuna y clara sobre el proyecto en sus diferentes etapas.
  •  Invitar a la ciudadanía a la construcción y mantenimiento de espacios integradores para la apropiación y cuidado de espacios comunes. (Ej: embellecimiento de fachadas, culatas, etc.).
  • Promover procesos pedagógicos para la apropiación y uso del sistema.
  • Garantizar una articulación interinstitucional para lograr un verdadero proyecto urbano integral.
  • Establecer una gerencia para el proyecto.
  • Incluir el proyecto en el POT y demás normas e instrumentos de gestión del suelo.
  • Consolidar un verdadero proyecto integral para un diseño urbano más allá de las necesidades de movilidad.
  • Establecer mecanismos de control y seguimiento para el cumplimiento de los tiempos de obra, presupuesto y demás riesgos como corrupción.

Más información sobre la alianza, los talleres y el proyecto aquí.

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Así va la Educación Orientada al Trabajo -EOT-, en…

 

En Bogotá, uno de cada seis jóvenes entre 18 y 24 años no estudia ni trabaja y siete de cada 10, entre 25 y 34 años, tiene algún título o diploma educativo. La tasa de ocupación laboral de quienes están empleados y cuentan con un título técnico o tecnológico oscila entre el 81% y el 84%. La empleabilidad de los universitarios, por su parte, llega al 90%.

Estas son algunas de las cifras que arroja un reciente informe titulado ‘Cómo vamos en educación técnica y tecnológica – Caso Bogotá-‘, de la Fundación Corona, Bogotá Cómo Vamos y la Red de Ciudades Cómo Vamos, análisis que muestra, además, que la matrícula en programas técnicos y tecnológicos de la capital (27,5%, en 2015) tiene menor participación en la educación superior al compararla con la de Cartagena (46,6%), Medellín (31,9%) y Cali (31,5%). En Manizales, por el contrario, apenas llega al 26,2%.

Así mismo, la participación de la matrícula técnica en la educación media era menor en Bogotá en 2015 (9%) respecto a las otras capitales: Manizales (15,1%), Cali (63,3%), Medellín (31,8%) y Cartagena (26,8%).

Bogotá, comparada con estas cuatro ciudades –para cada una de ellas también se produjo un documento individual- cuenta con la mayor proporción de personas que alcanza un título universitario (19,3%) en comparación con quienes optaron por un título de técnico o tecnólogo (17,1%).

“No existe en el país, ni en la ciudad, una orientación estratégica o una política integral sobre cómo debe ser la formación en programas técnicos y tecnológicos. Es importante hacer seguimiento a la inserción laboral de quienes se forman en ellos, cómo es su permanencia y de qué manera se siguen cualificando”, afirmó Ángel Pérez, consultor y experto en temas de educación, durante la presentación del informe.

Al mirar los ingresos de los bogotanos de 25 a 34 años con título técnico o tecnológico, se observa que, en 2015, devengaban $1’100.791, mientras que los universitarios de la ciudad, en ese mismo rango de edad, percibían $2’663.476. En Cartagena, los técnicos y tecnólogos en esas edades ganaban $909.209; en Medellín, $1’042.194; en Cali, $1’036.307 y en Manizales, $963.538.

Uno de los retos de la ciudad, sobre el cual se hizo énfasis en la socialización del documento durante una mesa técnica sobre la educación orientada al trabajo -convocada por Bogotá Cómo Vamos- es la construcción de una política integral y universal para la educación media, nivel educativo desde el cual se articula a los estudiantes con la formación técnica y tecnológica. En 2015, el proyecto de articulación llegaba a 290 planteles educativos y 85.000 alumnos.

Uno de los objetivos, según los expertos, es lograr un mayor engranaje entre los programas técnicos y tecnológicos que ofrece la educación superior y aquellos que certifican a las personas en competencias laborales, a través de la capacitación técnica (Instituciones de Formación para el Trabajo y el Desarrollo Humano). La idea es que estas opciones educativas y formativas se complementen y tengan mayor pertinencia, relevancia, calidad y diversidad.

“Buena parte de los colegios técnicos en Bogotá realmente no son técnicos y carecen de un impacto serio… No hemos logrado especializar la educación media, como se proponía en la Ley 115, ni que a través de esta educación los jóvenes construyan su proyecto de vida. Esto, sumado a la escasa valoración social que tiene la formación técnica y tecnológica en general”, agregó el experto Ángel Pérez.

En 2015, según el informe ‘Cómo vamos en educación técnica y tecnológica – Caso Bogotá-, de los 330 colegios oficiales de calendario A que presentaron estudiantes a las pruebas Saber 11, tres eran de matrícula técnica y 31, de matrícula académica y técnica.

Hace falta conexión con el proyecto de ciudad

La pertinencia de esta educación, en el sentido de lograr un mayor acceso y permanencia en trabajos de calidad, también fue objeto de análisis. “Va más allá de formar estudiantes para los empleos actuales. El sector educativo debe estar pensando en cuál es el proyecto de ciudad, de región o de país al que le está apostando”, indicó, por su parte, Nelson Lammoglia, vicepresidente de la unidad de consultoría empresarial del Centro Nacional de Consultoría.

A juicio de los expertos, la formación de los jóvenes debe estar alineada con la estrategia de desarrollo económico de la ciudad y del país. “No existe una visión unificada de la calidad de la formación técnica y tecnológica… Lo que hemos visto en otros países es que, si bien formar a las personas en competencias muy específicas les permite emplearse con rapidez en el corto plazo, a largo plazo no sabemos qué tan flexibles son para adaptarse a la transformación de la industria”, aseguró Carolina González, especialista en mercado laboral y seguridad social del Banco Interamericano de Desarrollo, BID.

En ese aspecto concuerda el experto Gabriel Torres, para quien la educación no debe servir únicamente a los intereses del mercado, es decir, formar personas productivas con habilidades diseñadas a la medida de la industria. “La Unesco ha insistido en la importancia de flexibilizar los currículos y los procesos educativos, de manera que sean para toda la vida y no solo para manejar un Callcenter”.

El empresario Alberto Espinosa, presidente de Alimentos e Inversiones de Colombia –Alina S.A.- indicó, por su parte, que es importante que el sistema educativo entienda las necesidades de competividad de las regiones para formar el capital humano que ello requiere.

Hoy, el 14,6% de la población bogotana entre 20 y 24 años asiste o asistió a cursos de formación para el trabajo en 2015 (en 2010 lo hizo el 19%) y el 19,4% de las personas entre 25 y 44 años. Según el informe, la mayoría de los cursos son de naturaleza privada (62%) y el 52% de ellos tienen una duración de hasta 40 horas.

“La formación para el trabajo tiene enormes potencialidades y sociales que no han sido del todo exploradas por la falta de claridad sobre su valor agregado… Bogotá ha privilegiado una concepción de esta formación orientada a brindar oportunidades para los estudiantes de educación media de colegios oficiales. La estrategia del Subsistema Distrital de Educación Superior representa un avance al reconocer como actores clave a las Instituciones de Formación para el Trabajo, FpT, y plantear la urgencia de cualificar su oferta. Sin embargo, no hay metas de resultado que permitan verificar el avance de esta propuesta”, dice el informe.

El Plan Distrital de Formación para el Trabajo, publicado en 2010, asume esta capacitación como la adquisición de competencias laborales específicas que permitan ejercer algún oficio o actividad y la enmarca dentro de los programas técnicos y tecnológicos que ofrece la educación superior en la ciudad, algunas modalidades educativas del SENA y los programas de educación para el trabajo y el desarrollo humano.

Daniel Gómez, gerente de articulación macrosectorial de la Cámara de Comercio de Bogotá, afirmó, por su parte, que para algunos empresarios los cursos de formación para el trabajo no aportan a la productividad laboral, por lo cual es necesario incluir su visión sobre las habilidades que demandan. Sin embargo, Paola Lesmes, rectora del Instituto Colombiano de Aprendizaje (INCAP), aseguró que sus egresados tienen muy buena inserción laboral y que el éxito se basa en que el sector productivo hace parte de la malla curricular, por lo cual sus programas son pertinentes para las necesidades empresariales.

Hoy, en Bogotá, según datos del Ministerio de Educación Nacional, existen 35 instituciones técnicas y tecnológicas.

 

Revive aquí la transmisión en vivo de la mesa técnica sobre educación orientada al trabajo – caso Bogotá.

Descarga aquí el informe completo.

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Lucha contra la contaminación

La contaminación del aire en Bogotá sigue afectando de manera preocupante la salud de los ciudadanos, en especial la de los niños menores de cinco años. Uno de los efectos de la contaminación es la aparición de enfermedades respiratorias como la Infección Respiratoria Aguda (IRA) por la que en 2016 fallecieron 24 menores en la capital.

Desafortunadamente quienes están más expuestos son los niños que viven en los estratos bajos, una situación que aunque no es nueva, preocupa pues ha sido una constante desde hace diez años en la capital. Si bien las pequeñas partículas contaminantes conocidas como PM10 han disminuido, aún siguen siendo elevadas frente las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud que establece un máximo de 20 microgramos por metro cúbico. En Bogotá en 2016 se registró un PM10 de 45 y las zonas de mayor contaminación se ubicaron en el sur y suroccidente de la ciudad.

Bogotá tiene la responsabilidad de brindarles a sus niños mejores condiciones ambientales, teniendo en cuenta que, de los menores de cinco años que fallecieron por IRA, el 32% vivían cerca de vías de alto tráfico, el 25% cerca a fuentes contaminantes (polvo, humo, químicos) y 28% en viviendas que presentaban poca ventilación.

También es necesario trabajar en campañas de pedagogía frente a los riesgos de la contaminación para las familias más expuestas, ya que en el 18% de los hogares de los menores fallecidos se fumaba al interior de la vivienda, el 18% de los padres no conocían las señales de alarma y el 10% no buscó ayuda de forma oportuna.

A la Administración aún queda mucho trabajo por hacer: invertir en medios de transporte menos contaminantes, ser estrictos en la gestión de residuos industriales y avanzar en los modelos de monitoreo de la calidad del aire, solo así garantizaremos que el aire no siga siendo un peligro, en algunos casos mortal, para los ciudadanos, especialmente para nuestros niños.

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Encuesta de Percepción Ciudadana Comparada 2016 -EPCC- Red de…

La Encuesta de Percepción Ciudadana Comparada (EPCC) es un elemento distintivo de los programas Cómo Vamos que, por su solidez e información, permite realizar diversos análisis sobre la evolución de apreciaciones de las personas sobre su ciudad en aspectos como orgullo, bienestar subjetivo, situación económica, educación, salud, seguridad, servicios públicos, movilidad, comportamiento ciudadano y gestión pública.

Los resultados reúnen información de 14.649 encuestas aplicadas en 18 ciudades del país donde tienen presencia los programas Cómo Vamos, de las cuales 11 son ciudades capitales -Barranquilla, Bogotá, Bucaramanga, Cali, Cartagena, Cúcuta, Ibagué, Manizales, Medellín, Pereira y Santa Marta- y otras 7 ciudades no capitales: Floridablanca, Girón, Itagüí, La Estrella, Piedecuesta, Sabaneta y Yumbo.

Esta encuesta permite conocer la forma en la que los ciudadanos perciben sus entornos desde distintos factores como el medio ambiente, la movilidad y el espacio público, entre otros, los cuales son áreas clave para la búsqueda de un desarrollo urbano sostenible, que mejore la calidad de vida de las personas y permita satisfacer sus necesidades y las de generaciones futuras.

Para esto, se realizó el conversatorio “Sostenibilidad urbana y percepción ciudadana”, el cual contó con la participación de Daniel Eduardo Páez Barajas, director del Grupo de Estudios en Sostenibilidad Urbana y Regional de la Universidad de los Andes; Felipe Alfonso Espinosa Camacho, director de Competitividad y Desarrollo Territorial de Findeter; Tatiana García Echeverry, subdirectora de Información y Evaluación Estratégica de la Alcaldía de Medellín y Hernando Hermida Castillo, decano de la Facultad de Ingeniería Ambiental de la Universidad Santo Tomás.

Algunos resultados

Optimismo

Entre los resultados obtenidos de la EPCC se encuentra que el 61% de las personas en las capitales piensan que las cosas en sus ciudades van por buen camino, cifra inferior a la registrada en las demás ciudades, la cual fue de 78%.

Salud y educación

Los resultados de la EPCC en el área de salud continúan siendo bajos con relación a los niveles de satisfacción a nivel general, en promedio el 51% de las personas que habitan en ciudades capitales se encuentran satisfechas con el servicio de salud que recibieron en el último año, mientras en las ciudades no capitales fue del 57%. Se destacan ciudades como Barranquilla con un 74% y Sabaneta con 75%.

Conoce la encuesta completa ingresando acá

Infografía EPCC

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Suicidio: problema de salud pública

El caso de dos adolescentes que decidieron acabar con su vida hace dos semanas muestra una triste realidad que se está viviendo en Bogotá, los suicidios han aumentado. En 2016 hubo un incremento de 10% de los casos en comparación con el año anterior.

 

Y aunque fueron los adultos entre los 29 y 59 años quienes más se suicidaron (40%), la población adolescente fue la que registró un incremento mayor en esta conducta; en 2016 se quitaron la vida 33% más personas entre los 12 y 17 años, que en 2015. Según el Sistema de Alertas de la Secretaría de Educación la mitad de los presuntos casos de conducta suicida se concentraron en cinco de las veinte localidades: Usme, Bosa, Kennedy, Rafael Uribe Uribe y Ciudad Bolívar.

 

A pesar de que las cifras en la capital son alarmantes, Bogotá ocupó el octavo lugar, en la lista de ciudades que hacen parte de la Red Cómo Vamos, con las mayores tasas de suicidios por cada 100 mil habitantes. En Ibagué (8,73), Pereira (7,3) y Medellín (6,71) se registraron las tasas más altas, la de Bogotá fue de 4,16.

 

Según la Organización Mundial de la Salud, el suicidio cobra más vidas que la guerra y los homicidios; además es la segunda causa principal de muerte entre las personas de 15 a 29 años. La noticia alentadora, en medio de estas cifras, es que es evitable.

 

En esto es fundamental el papel de la familia, de los colegios y del entorno de los adolescentes. Si bien es cierto que las fuertes depresiones, los malos resultados académicos, el acoso, el consumo de sustancias sicoactivas y hasta “juegos” en las redes sociales pueden inducir en algunos casos al suicidio; la confianza y buena comunicación familiar pueden evitar un desenlace fatal. En el Distrito este problema debe tratarse como una prioridad en salud pública, hay que trabajar en su prevención y en el seguimiento de quienes hayan intentado dejar de existir.

 

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TransMilenio renovado

Las propuestas para mejorar la movilidad por la carrera Séptima han pasado por diversos tipos de transporte. En los últimos años hemos sido testigo de varias opciones: metro, tranvía, tren ligero y hoy estamos en TransMilenio; una alternativa que, como las anteriores, ha tenido defensores y detractores.

Lo cierto es que, tras decidir por parte de la Administración Distrital que TransMilenio será la apuesta en movilidad para este corredor, hay que analizar cuáles deben ser los ajustes a implementar para tener la mejor versión de este medio de transporte.

Las ciudades deben planearse cada vez más desde una perspectiva de sostenibilidad. La Séptima tiene un potencial verde que se debe proteger y puede ser ejemplo para otras intervenciones en la capital. Por eso, el componente ambiental debe estar garantizado en la propuesta de TransMilenio por esta vía. Hay que pensar en buses que manejen tecnologías limpias, en corredores verdes que oxigenen el ambiente y en reemplazar los árboles que se afecten con la obra y así mitigar el impacto ambiental.

Utilizar diversos modos de transporte es una tendencia que cada vez toma más fuerza, por lo que resulta necesario conectar el sistema con ciclorrutas, bicicarriles y estaciones del SITP.

Pero el gran reto con este nuevo corredor es generar sentido de apropiación ciudadana, los habitantes de Bogotá, venga de donde provengan,  deben sentir que TransMilenio es suyo, que su responsabilidad es cuidarlo y que cualquier afectación repercutirá directa o indirectamente en los usuarios. Esto se logra con buen servicio, con espacios amigables e incluyentes y un adecuado diseño de rutas y tiempos de espera.

TransMilenio por la Séptima se convierte en una oportunidad para reivindicar este medio de transporte, para mejorar sus anteriores versiones y para mostrarle a la ciudadanía que, si hay voluntad propositiva, juntos podemos construir ciudad.

Conozca el ejercicio ciudadano Construyendo nuestra Séptima