Opinión

Vivir en arriendo

Omar Oróstegui Restrepo *

Director Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

Muchos sueñan con tener casa propia, realidad que no siempre es fácil de cumplir. Otros, simplemente, prefieren tomar en arriendo una vivienda que se acomode a sus gustos y necesidades particulares.

En 2016, uno de cada tres hogares colombianos, aproximadamente, vivía en condición de arrendatarios y subarrendatarios, según datos de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida –ECV- del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, DANE.

En Bogotá residía la mayor parte de las familias arrendatarias: 49,9% (tendencia que viene en aumento, pues en 2013 era el 46%). Le seguía San Andrés, con el 45%.

La capital, de acuerdo con el estudio ‘Se busca vivienda en alquiler’, publicado en 2014 por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), tenía la tasa más alta de arrendatarios entre las principales ciudades de la región: 40%. Y un dato llamativo en la investigación: uno de cada cinco hogares en América Latina y El Caribe vivía en arriendo.

Las razones para no tener vivienda propia son muchas; sin embargo, la Encuesta de Percepción Ciudadana del 2016, que realiza el programa Bogotá Cómo Vamos, encontró algunas que vale la pena mencionar: falta de recursos para pagar la cuota inicial (23,5%), no tener subsidio de vivienda (8,2%) y dificultad para pagar las cuotas mensuales (7,0%). También hay un 8,1% de ciudadanos que ya tiene propiedad, pero opta por arrendar un inmueble.

Los jóvenes, los divorciados y los migrantes, señala el Banco, son los grupos poblacionales que más alquilan viviendas en América Latina, un modo de vida temporal –vitalicio, para algunos- que se está imponiendo en Bogotá y en la región.

* Columna de opinión del director publicada en el diario ADN

Opinión

¡No hay tanta vía para carros y motos!

Omar Oróstegui Restrepo *

Director Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

 

Uno de los grandes desafíos de la capital es, sin duda, estimular el mayor uso del transporte público y de la bicicleta. El primer modo, en particular, resulta poco atractivo para los bogotanos por su baja calidad, eficiencia y accesibilidad en ciertos sectores de la ciudad.

Además, viajar en transporte público colectivo consume, en promedio, 1,5 veces más tiempo que movilizarse en automóvil y casi el doble que en motocicleta.

Esta deficiencia puede explicar, en parte, el aumento de la flota de automóviles y motos en la capital: entre 2012 y 2016 se incrementó en un 23% y un 44%, respectivamente.

Al mirar el uso de los distintos modos por estratos, los estudios sugieren un alto índice de motorización en vehículos privados por parte de las familias con mayores ingresos. Y aunque en estratos bajos predomina el uso del transporte público, también han tomado fuerza las motocicletas, al ser más rápidas y fáciles de adquirir.

Cabe destacar, sin embargo, el aumento del porcentaje de ciudadanos que se desplaza en bicicleta: en estrato uno lo hace el 5%; en el dos, el 9%; en el tres, el 14%; en el cuatro, el 19%; en el cinco, el 24% y en el seis, el 29%.

A fin de contribuir con una mejor movilidad de los bogotanos, es tiempo de desestimular el uso de carros y motos y dar cabida a un transporte público más eficiente, con nuevas rutas, mayor frecuencia y mejor accesibilidad. También es necesario ampliar y mejorar la infraestructura de las ciclorrutas, garantizando en ellas un recorrido seguro.

Ampliar las vías para que rueden más carros y motos no es la única solución. ¡Las calles son limitadas!

 

* Columna de opinión del director publicada en el diario ADN

Opinión

Sobre el Sitp

Esta semana, TransMilenio ha informado que se encuentra estudiando la posibilidad de modificar el servicio que prestan las rutas alimentadoras a los portales del sistema, y en su remplazo apoyarse con los buses del SITP.  Propuesta que generó debate en las redes sociales.

De acuerdo con los últimos estudios, la tercera parte de los bogotanos usan TM como su principal medio de transporte. Básicamente porque es su única opción de movilidad y porque es más rápido.

Desde que se concibió el sistema, las rutas alimentadoras estaban contempladas en el modelo como una opción para trasladar a los portales personas de los barrios cercanos que no contaban con mayores alternativas de transporte. Hoy en día, hay 131 rutas que tienen como destino a 9 portales y 5 estaciones. 

Estos buses al no contar con registradoras para validar el pasaje, en algunas ocasiones son utilizados por personas que no necesariamente van a los portales, sino como una opción sin pago para trasladarse al interior de los barrios.  Si  bien es un problema, hay que buscar alternativas para solucionarlo.

Eliminar el servicio de los buses verdes y remplazarlo por los buses azules es una opción. No obstante, se requiere revisar si estos buses del SITP pueden hacer las mismas rutas entre los barrios que hoy realizan los alimentadores. De lo contrario, se corre el riesgo que los servicios informales de transporte, como el bicitaxismo, atiendan la demanda de viajes cortos cuyos destinos no queden contemplados con la nueva propuesta.

 

director@bogotacomovamos.org

Opinión

De prisión a libertad

La situación carcelaria en el país es un tema que preocupa cada vez más, por las implicaciones que tiene no solo para quienes están presos sino también para la sociedad en general. Los centros penitenciarios están al final de la cadena de las políticas y estrategias para combatir el crimen y el delito, el cual cada vez es más especializado, teniendo como centros de operación los contextos urbanos del país.

Se estima que de los 175.000 presos que hay en Colombia, 13% están localizados en Bogotá. Esto es el equivalente a 22.412 personas, de las cuales el 34% aún no han sido condenadas.

De los tres establecimientos de reclusión del orden nacional, el porcentaje de hacinamiento supera el  40%. Por cada cupo disponible, hay más de cuatro personas.

Entre las alternativas para descongestionar las cárceles se tiene previsto dejar en libertad cerca de 10.000 presos sindicados por crímenes menores y que no han recibido sentencia.

Una cifra significativa en términos de impactos y consecuencias para la seguridad y convivencia de las ciudades. Por tanto, esta medida debe ser realizada de manera articulada a otras que la respalden y que estén relacionados con la vida de estas personas tras quedar en libertad, considerando, entre varias cosas, el estigma que su condición de expresidiarios les traerá.

Los presos saldrán en algún momento a la convivencia social nuevamente, pero ¿de qué manera la sociedad y el Estado colombiano estamos preparados para recibir a estas personas que salen de prisión?,  ¿qué tipo de acompañamiento pos egreso recibirán estas personas, pues en el momento es inexistente?

director@bogotacomovamos.org 

Opinión

Consumo de marihuana

La marihuana es la sustancia ilícita que más se consume en Bogotá. En 2015 cerca de 240 mil personas afirmaron haberla consumido;  de 10 casos, 8 fueron hombres y 2 mujeres. Esto reveló el “Estudio de consumo de sustancias psicoactivas”.

Preocupa el hecho  que son los adolescentes y jóvenes los que registran mayor consumo y al analizar la situación por localidades, Ciudad Bolívar, Santa Fe, Los Mártires y La Candelaria son las más afectadas. Es aún más preocupante que de los consumidores la mitad está en situación de abuso o dependencia.

Estos datos más allá de revelar cómo está el consumo de sustancias psicoactivas, deben ser un instrumento para que los gobiernos focalicen las campañas de prevención y educación a la población más afectada y en riesgo de vulnerabilidad. No hay que pasar por alto que después de los atracos callejeros, lo que más preocupa a los bogotanos es la presencia de drogas en calles.

Se requieren más sensibilización e información pues la mitad de los encuestados ha probado alguna vez sustancias ilícitas, lo que demuestra que puede más la curiosidad o influencia, que la conciencia ante el riesgo.

El trabajo no solo se limita a los consumidores, otro factor importante es dar la batalla contra los expendedores, pues la mitad de la población cree que es fácil conseguir marihuana y el 11% he recibido ofrecimientos para consumirla.

director@bogotacomovamos.org 

 

Opinión

Bogotá sin tabaco

Recientemente se conocieron los resultados del estudio de sustancias psicoactivas en Bogotá. Entre los temas que se indagaron está el consumo de tabaco en la ciudad. Los resultados son interesantes. El 20% de los encuestados, ha fumado al menos una vez en el último mes. De estos, el sexo masculino es quien más fuma. Por cada 5 hombres, 2 mujeres lo hacen.
Si bien, más de la mitad de la población Bogotana fumó alguna vez en la vida, es evidente que hoy cada vez es menos la gente que lo hace. Se estima que en los estratos 1 y 2 concentran la población con más fumadores, alrededor de 434 mil de las 943.000 personas que fumaban en 2016. Por zonas, las localidades del centro es donde se registran mayores tasas de fumadores.
Lo preocupante es que el consumo empieza a muy temprana edad, el 25% de los fumadores probaron el cigarrillo por primera vez a los 14 años, mientras que el 50% lo hizo cerca a los 17 años.
Esta realidad demuestra que las campañas para evitar el consumo del cigarrillo deben ir enfocadas, principalmente, hacía los niños y jóvenes quienes terminan cediendo ante el tabaco por presiones sociales o simple curiosidad. Demostrarle a esta población que fumar puede traer consecuencias como el cáncer de pulmón, boca y laringe; enfermedades cardiovasculares y respiratorias crónicas, no es fácil, pero sí es una labor en la que no se puede bajar la guardia para seguir disminuyendo las cifras de consumo y a su vez salvar vidas.
Y estamos hablando de las vidas, no solo de los fumadores, sino también de quienes conviven con ellos. Cifras de la Universidad de Los Andes revelan que en el 18% de los casos de muertes por Infecciones Respiratorias Agudas (IRA) en menores de cinco años, se fumaba dentro de la casa de la víctima.
Datos como los arriba señalados demuestran que la lucha para disminuir el consumo de tabaco debe ser constante, hay avances y buenas iniciativas del sector privado. Donde no podemos bajar la guardia es en el consumo de marihuana, que es la sustancia ilícita de mayor consumo en Bogotá. Aspectos que analizaremos en la próxima columna.

director@bogotacomovamos.org

Opinión

Movilidad: el reto de las ciudades

Los problemas de movilidad cada vez afectan más la calidad de vida en las ciudades. Muestra de ello es que, en promedio, 4 de cada 10 residentes de las principales ciudades capitales afirmaron que sus trayectos habituales en el último año tomaron más tiempo.

¿Soluciones? Las administraciones han planteado diversas alternativas de acuerdo a sus necesidades, pero hay una que les serviría a todas por igual y tiene que ver con motivar el cambio de comportamiento ciudadano. Este va ligado a pensar más en comunidad, a adoptar nuevas maneras de movilizarse y a asumir la intermodalidad para los desplazamientos.

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Actualmente el medio de transporte que registra mayor satisfacción ciudadana es la bicicleta con un 86%, a pesar de eso el uso de medios no motorizados (bicicleta y a pie) es tan solo del 14% en ciudades como Bogotá, Pereira y Manizales. En contraste, las estadísticas señalan un crecimiento continuo del parque automotor, en especial las motocicletas, con su respectivo efecto sobre el tráfico urbano. En Bucaramanga, por ejemplo, se usa más el transporte privado (38%), que el público (32%).

Cambiar la mentalidad de los ciudadanos depende de las motivaciones que se les brinden para hacerlo. Por eso es fundamental que las apuestas de las administraciones distritales vayan acordes a la sostenibilidad, a la construcción de buena infraestructura, con mayor énfasis en los peatones y ciclistas, y a las campañas educativas. Así mismo se debe fortalecer el control de las normas de tránsito, actualmente solo 3 de cada 10 ciudadanos están satisfechos con este tema. Mejorar la movilidad es un reto para todas las ciudades capitales y solo se podrá superar si se logra modificar la manera de desplazarse desde la conciencia ciudadana.

director@bogotacomovamos.org

Opinión

De inundaciones y trancones

En las últimas semanas los bogotanos hemos sido testigos de cómo un fuerte aguacero tiene efectos en nuestra rutina diaria. Cuando las vías se congestionan e inundan, el tráfico se dificulta, pasamos más tiempo en el vehículo o bus, y por ende no llegamos a tiempo a los compromisos programados con anterioridad. Para algunos, esta situación se repite año tras año por estos meses.

Es importante pensar qué se ha hecho para resolver estos problemas y qué responsabilidad tenemos como ciudadanos. De acuerdo con las cifras oficiales, Bogotá cuenta con una cobertura del 98% en alcantarillado. No obstante, algunos sectores en Ciudad Bolívar, Usme y Bosa aún no tienen este servicio.

Bogotá cuenta con una red de canales que ayudan a mitigar los efectos que pueden traer las lluvias, pero nunca será suficiente si el comportamiento ciudadano frente al manejo de desperdicios no mejora.  Varias de las inundaciones se presentan por el taponamiento de la red de alcantarillado, y es que tras las intervenciones de limpieza, se han encontrado todo tipo de desechos: colchones, basura, escombros y hasta llantas. Imposible que estos objetos no terminen provocando inundaciones que son completamente prevenibles. Se estima que en promedio se extraen 6.000 toneladas al añode lodos y otros materiales por los equipos de mantenimiento.

A esto se suma, los vertimientos ilegales, por lo regular orgánicos, que reciben los ríos Salitre, Torca, Tunjuelo y Fucha. Fenómeno similar se presenta con los humedales.

No basta con que la ciudad cuente con un Plan de Saneamiento y Manejo de Vertimientos, si no cambiamos los comportamientos ciudadanos; de lo contrario, esta situación se seguirá repitiendo con peores consecuencias, por nuestra indiferencia.

director@bogotacomovamos.org

Opinión

‘Construyendo ciudad’ / Opinión

Los ciudadanos están siendo cada vez más conscientes de su papel transformador en la construcción y desarrollo de las urbes. Las personas que se conformaban con lo que sus mandatarios decidían están quedando atrás y le están dando paso a lo que llamamos co-creadores, es decir, gente que aporta ideas, que discute, que trabaja de la mano con quienes crean, y llegan a acuerdos para construir una ciudad mejor.

La alianza Construyendo nuestra Séptima es una muestra de lo que se puede lograr con la participación ciudadana. Tras un trabajo con cerca de 200 personas entre residentes, estudiantes, académicos, empresarios y líderes sociales, se recogieron siete grandes aportes que buscan que el proyecto de TransMilenio por la séptima se realice de la mejor manera posible.

Estas apuestas van encaminadas a temas de la agenda mundial, como la consciencia ambiental. Parte de los aportes sugieren tener especial cuidado con los recursos naturales y optimizarlos para su buen aprovechamiento. La sana convivencia y la inclusión también estuvieron en la agenda; quienes recorren la séptima sueñan con un corredor en donde se les dé cabida a varios medios de transporte y que sea amigable con todos los usuarios.

Tan importantes como estas apuestas son los ejercicios que permiten la construcción colectiva de ciudad, que cada vez deberían ser más. Pensar las capitales con la perspectiva de quienes las habitan crea mayor sentido de pertenencia y esto conlleva a tener más respeto por lo público, o ¿a quién le gusta que afecten lo que ayudó a edificar?

Es hora de dejar de estar al margen, la transformación de la ciudad es asunto de todos. Hagamos parte de una sociedad activa, propositiva en los asuntos públicos que nos afectan, solo así lograremos grandes transformaciones.

Opinión

Entre el desalojo y la mitigación de riesgo: el…

Es un hecho que las ocupaciones ilegales y los asentamientos informales en las zonas periféricas de la ciudad son un problema desde hace varios años. Los expertos señalan que este fenómeno ha acompañado los procesos de urbanización ilegal desde mediados del siglo pasado.
Algunos por ingenuidad, otros por necesidad y otros tantos movidos por intereses económicos, han optado por ocupar los terrenos “disponibles” en el borde la ciudad hacia los cerros orientales y el río Bogotá, a pesar de conocer las malas condiciones sanitarias, el acceso limitado a servicios públicos y los riesgos de ser víctimas de alguna tragedia por inundación o deslizamiento. Razones que no son impedimento para invadir dichos terrenos.

A pesar de que son áreas monitoreadas frecuentemente por las autoridades distritales, se estima que en Bogotá hay 21.348 ocupaciones ilegales; en conjunto suman alrededor de 3.690 hectáreas. Lo más preocupante es que el número de ocupaciones ha crecido un 74% si se compara con los registros de hace 8 años.

Detrás de esto, más allá del drama humano, la pobreza y marginalidad de los hogares que allí se asientan; también están las mafias de los “tierreros” o urbanizadores piratas que quieren obtener ganancias con las necesidades de estas familias. El caso de Suba, es uno más que se agrega en la lista. También hay registro de situaciones similares en Bosa, Ciudad Bolívar y Usme.

Las autoridades tienen la obligación de recuperar estas zonas y evitar que sigan ocurriendo catástrofes. Este proceso debe ir acompañado de programas de alivio e intervención social, teniendo cuidado de no crear incentivos inadecuados, pues de lo contrario, varias familias al ver que se les otorgó una solución habitacional a quienes residían en estos lotes ilegales, querrán imitar la estrategia, en busca de alguna solución rápida a sus necesidades de vivienda.

Escríbanos a director@bogotacomovamos.org