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El hambre, la otra pandemia

«Esta coyuntura es una oportunidad que nos obliga a innovar, adaptarnos y reaprender.  Será una gran prueba de altruismo social y resiliencia colectiva para nosotros y para los gobiernos. Nadie se puede quedar atrás»

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Las imágenes son dramáticas: trapos rojos en las ventanas de las casas, manifestaciones en vía pública, y largas filas de personas esperando para acceder a las ayudas alimenticias. A esto le sumamos los hogares de clase media que pueden estar experimentando procesos de empobrecimiento a causa de una disminución de sus ingresos, lo que los pone en una situación de vulnerabilidad pero, dadas sus condiciones de vivienda, es difícil que puedan clasificar para acceder a los programas sociales que tienen los más pobres.

Si bien la cuarentena reduce el riesgo de contagio, está provocando dificultades económicas en los hogares, en particular en los grupos más vulnerables que viven del día de día y hacen parte de la informalidad laboral. Pero también afecta a varios sectores formales de la economía que requieren ingresos para garantizar sus obligaciones financieras. Basta mencionar que el 28% del empleo en Bogotá lo genera el comercio, hoteles y restaurantes y un 23% los servicios sociales, comunales y personales.

Hace pocos días, un estudio de las Naciones Unidas estimó que el efecto de la pandemia  aumentaría el número de pobres hasta 500 millones de personas, cerca del 8% de la población mundial. Aunque es prematuro proyectar cálculos para Bogotá, las cifras antes de la coyuntura muestran que el 12,4% de los bogotanos es pobre, en otras palabras,  1.014.450 de personas sobreviven con menos de $ 283.828 al mes.

Estas cifras de pobreza en la capital pudieron haber empeorado en las últimas semanas para aquellos que no cuentan con los medios suficientes para afrontar la cuarentena y que viven del día a día. De estos se resaltan las mujeres cabeza de hogar, discapacitados, mujeres gestantes y lactantes, e incluso los niños menores de 5 años. Cálculos de Bogotá Cómo Vamos –BCV-, estiman que más de la cuarta parte de los hogares de la ciudad con niños en primera infancia se encuentra en condición de pobreza monetaria (28,2%).

Preocupa, particularmente, el aumento de la desnutrición crónica (talla baja para la edad) y del bajo peso al nacer, indicadores cuya prevalencia vienen creciendo en los últimos años en la ciudad. Entre 2016 y 2018 hubo un incremento en el número de casos de desnutrición crónica en niños y niñas menores de 5 años: se pasó de 22.740 casos a 29.965.

Y es que la pobreza también está asociada al hambre. El año pasado la FAO estimó que 113 millones de personas enfrentaban crisis alimentarias y que más de 800 millones enfrentaban desnutrición crónica. En Latinoamérica, posiblemente la expansión del Covid-19 y sus medidas para reducir el riesgo, estén provocando hambre en los más pobres, quienes a su vez, ven comprometida su salud al no tener una adecuada nutrición, lo que a su vez los hace más susceptibles al virus.

De acuerdo con la Encuesta de Percepción Ciudadana de BCV, para el 2019, el 14% de las personas afirmó que durante el último mes, consumió menos de tres comidas diarias porque no había suficientes alimentos. De éstos, la mitad indica que sucedió 1 o 2 veces y el 34%, entre 3 y 10 veces. Las mujeres se ven más afectadas: el 16% dice haber consumido menos de tres comidas diarias frente al 12% de los hombres.

Es muy probable que la desaceleración económica agrave la inseguridad alimentaria, que junto a fenómenos como la inflación y el incremento del dólar, termine afectado el precio de los alimentos y la capacidad de compra de los hogares. Esto puede cambiar los patrones de alimentación e incrementar los índices de desnutrición en los más pobres e incluso la clase media.

Para el caso de Bogotá, por ejemplo, las cifras muestran que en el 69% de los hogares, al menos una de las personas económicamente activas que están ocupadas, no cotizan a fondo pensiones; que en el 18% de los hogares, existe al menos un miembro del hogar mayor de cinco años sin aseguramiento a seguridad social en salud; y que en el 20% de los hogares, existen 3 o más personas a cargo por cada miembro ocupado.

De allí que el papel del Estado y los gobiernos locales resulte transcendental, sobretodo en Colombia, donde los sistemas de bienestar y aseguramiento social nos son tan robustos como en el caso de las ciudades europeas.

Las recetas tradicionales de subsidios y contribuciones se deben complementar con un control en los precios de los alimentos, subvenciones en efectivo, y estrategias para proteger el tejido social de las comunidades más vulnerables. Incluso, valdría la pena pensar en modelos disruptivos de política social para reducir la vulnerabilidad alimentaria de los más pobres, como por ejemplo, convertir los parques en huertas urbanas de mayor escala donde se le garantice la distribución de semillas y fertilizantes a las comunidades. El modelo de las ciudades inglesas, australianas y americanas nos muestra de que hoy es posible.

No basta con fortalecer mecanismos de protección social para proteger a los más vulnerables, hay que cuidar también los medios de vida y los recursos de subsistencia de los hogares. Eso significa comprender mejor los factores que afectan la pobreza en las familias y que tienen relación directa con su composición, tamaño y estructura, que en muchos casos, determinan su capacidad para afrontar los eventos adversos, como la pérdida de ingresos, el desempleo o el covid-19. Los hogares con mayor número de dependientes (niños y ancianos) podrían estar en desventaja en la actual coyuntura, porque entre más dependientes, mayor son los costos y las necesidades que deben cubrir con sus bajos ingresos.

Esta coyuntura es una oportunidad que nos obliga a innovar, adaptarnos y reaprender.  Será una gran prueba de altruismo social y resiliencia colectiva para nosotros y para los gobiernos. Nadie se puede quedar atrás.

Por: Omar Oróstegui Restrepo – Director de Bogotá Cómo Vamos. 

director@bogotacomovamos.org

*Columna de Opinión publicada en el diario El Tiempo

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Ejercicio en cuarentena

La recreación y el deporte son elementos claves en el desarrollo humano. Con la noticia de la extensión del aislamiento preventivo, se conoció que a partir de este lunes los ciudadanos podemos salir a hacer deporte al aire libre.

La decisión, llega con restricciones: actividades moderadas como: caminar, correr, trotar o montar en bicicleta, entre las 5 y las 8 de la mañana; por un tiempo máximo de una hora y en un radio de 1 kilómetro de distancia de la casa.

En la decisión, no está permitido el uso de los Lo que nos lleva a tener en cuenta que en Bogotá hay 5.260 parques; las localidades de Suba (19%), Kennedy (10%) Engativá (10%) y Usaquén (9%) concentran la mayor cantidad.

Según los resultados de la Encuesta Bienal de Culturas 2017, se evidencia que el 79% de los bogotanos viven cerca de un parque o de un espacio público recreativo. Las actividades que prefieren los bogotanos prefieren hacer en los parques cerca de casa son: hacer ejercicio (22%), acompañar a niños u otras personas (13%) y pasear a la mascota (13%). Nuestra Encuesta de Percepción Ciudadana dice, además, que el 61% de los bogotanos fue a los parques en el último año.

Por ello es clave establecer controles que permitan a la población salir a ejercitarse haciendo énfasis en la importancia del aislamiento social.

Se hace un llamado a todos seguir las instrucciones y acatar con responsabilidad la autorización que permite ejercitarse al aire libre. Ésta es una ventaja para todos contribuyendo a mejorar nuestra salud física y mental; que no se convierta en una oportunidad para violar la cuarentena.

Por: Omar Oróstegui Restrepo – Director de Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

*Columna de opinión publicada en el Diario ADN

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Cinco de cada 10 bogotanos vive en arriendo

Días atrás, el Ministro de Vivienda, Jonathan Malagón, anunció la expedición de un decreto que contempla, entre otras medidas, la prohibición de desalojar a cualquier familia que se encuentre en mora en el pago del arriendo, así como el congelamiento de los cánones de alquiler durante la cuarentena, hasta dos meses después de culminado el aislamiento.

La decisión tiene lugar después de conocerse un hecho polémico en medio de esta emergencia sanitaria: el desalojo de dos adultos mayores y su nieta en el sector de Kennedy, acto que reprochó, públicamente, la Alcaldesa Claudia López.

En Bogotá, según datos de la Encuesta Multipropósito 2017, el 45% de los hogares vive en arriendo. Nuestra Encuesta de Percepción Ciudadana 2019 nos muestra cifras similares: el 44% de los bogotanos afirma residir en una vivienda arrendada.

Al desagregar los datos, vemos que en los estratos socioeconómicos más bajos predominan los arrendatarios. En el estrato 1, por ejemplo, el 44% de los hogares vive en arriendo; en el estrato 2, el 50% y en el estrato 3, el 48%. En el caso de los estratos 4, 5 y 6, los porcentajes son 34%, 27% y 26%, respectivamente.

En las localidades de Tunjuelito, Los Mártires, Santa Fe y Rafael Uribe Uribe se concentra la mayor proporción de hogares que reside en alquiler.

Sin duda alguna, la decisión gubernamental de prohibir la expulsión de arrendatarios, sumada a los apoyos económicos que entregará el Distrito a 350.000 hogares pobres y 150.000 vulnerables de la ciudad, ayudarán a mitigar los efectos negativos del aislamiento social obligatorio que, posiblemente, deba extenderse para contener la expansión del Covid-19.

Los bonos, transferencias y ayudas en especie deberán continuar en el mediano plazo mientras superamos esta emergencia sanitaria, pues, con el confinamiento, se busca salvar vidas.

Por: Omar Oróstegui Restrepo | Director Bogotá Cómo Vamos
director@bogotacomovamos.org

* Columna de opinión del director publicada en el diario ADN

 

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El sector salud frente al COVID-19

El creciente número de casos confirmados de COVID-19 en Bogotá nos impone 3 retos importantes en términos de salud pública: detección precoz de la enfermedad, respuesta asertiva y oportuna del servicio de salud para mitigar la propagación y un trabajo de gobernanza entre ciudadanos, gremios, empresarios, academia y sector público para contrarrestar, con soluciones novedosas, el impacto de la pandemia en el mediano y largo plazo.

Ayer, Bogotá reportó el primer fallecido: una persona mayor de 70 años. Los casos ya superan los 160 y se concentran en pacientes entre los 20 y 29 años y los 40 y 49 años. Alrededor del 91% de los enfermos recibe atención en casa y un 7%, en hospital. A la fecha hay 3 personas recuperadas, según datos del Instituto Nacional de Salud.

Hoy, la capital cuenta con 14.500 camas hospitalarias, de las cuales el 28% (4.058) pertenece a la red pública adscrita a la Secretaría Distrital de Salud y el 72% (10.442) a la red privada. Se estima que en Bogotá existen 1,7 camas hospitalarias por cada mil habitantes, valor que se ha mantenido en los últimos años.

Pero no basta con hacer un conteo diario de enfermos y fallecidos por el nuevo coronavirus. Es importante, más allá de reportar la velocidad de contagio y el indicador de morbi-mortalidad de la infección, reforzar la vigilancia centinela en aras de reflejar lo que pasa en la comunidad y así identificar la población con mayor riesgo de contagio. La recolección, análisis e interpretación de los datos ayuda a tomar mejores decisiones.

Expertos en salud pública como el profesor Luis Jorge Hernández, de la Universidad de los Andes, han hecho énfasis en la importancia de ampliar las unidades de vigilancia centinela en la capital para entender mejor el comportamiento del nuevo virus. Esto ayuda a generar alertas.

Conscientes de que el problema no atañe exclusivamente al sector salud, cobran importancia las alianzas público-privadas para responder a la nueva pandemia. Muestra de ello es el trabajo conjunto que hoy realizan Bogotá Cómo Vamos, Así Vamos en Salud y un grupo de expertos en salud pública, de 5 universidades capitalinas, para formular recomendaciones que ayuden a mejorar la respuesta del sector salud frente al COVID-19.

Si bien el aislamiento temprano y masivo que adoptó inicialmente la ciudad, bajo la figura de un simuacro obligatorio, y la reciente cuarentena decretada por el Gobierno Nacional ayudarán a bajar la curva y le darán tiempo a los servicios de salud para alistarse frente a una contingencia, no podemos bajar la guardia.

La experiencia internacional nos ayuda como referente, pero es fundamental adaptar las estrategias a nuestro propio contexto, donde hay fenómenos como la informalidad laboral, la pobreza, el hambre y la migración que incrementan los factores de riesgo.

Ante esta coyuntura, será de suma importancia repensar las prioridades de inversión pública y fortalecer la investigación para detectar precozmente la enfermedad, antes de los primeros síntomas; identificar la población en riesgo y desarrollar nuevas alternativas terapéuticas. Pero, sobre todo, proteger y reconocer el trabajo que realizan quienes están hoy en el primer frente de batalla.

Por: Omar Oróstegui Restrepo | Director Bogotá Cómo Vamos
director@bogotacomovamos.org

* Columna de opinión del director publicada en el diario El Tiempo

Opinión

Bogotá después del COVID-19

Frente al impacto social que está causando la pandemia en muchos rincones del planeta, es momento de unir fuerzas para pensar en aquellos cambios o ajustes que deberán hacer las ciudades para recuperarse de esta crisis y enfrentar, de mejor manera, próximas pandemias.

Esto pasa por corregir, reforzar o incluso replantear políticas urbanas, en un marco de gobernanza, donde ciudadanos, gremios, Academia, empresarios y sector público construyan, colectivamente, la ciudad pos Covid-19

Algunas de las primeras lecciones que nos deja esta emergencia sanitaria: la importancia de la tecnología en las comunicaciones, trámites cotidianos, trabajo en casa y prestación de servicios educativos, financieros y de salud; la destinación permanente de recursos para el robustecimiento del desarrollo científico local/nacional y la modernización de la atención en salud; la creación de un paquete de medidas para proteger a los más vulnerables, en cualquier situación de emergencia, dada la elevada tasa de informalidad y el nivel de desempleo; la movilidad en tiempos de cuarentena (diseño, calidad, modos alternativos) y el  acceso pleno, de toda la población, a servicios públicos e internet.

Uno de los pilares del programa Bogotá Cómo Vamos es el trabajo en alianzas en torno a la calidad de vida en la capital y la actual coyuntura amerita unir esfuerzos para sacar adelante a la ciudad. Desde ya queremos invitar a los bogotanos a que propongan soluciones novedosas para enfrentar los efectos de la pandemia una vez termine el aislamiento social.

¡Juntos podemos lograr el cambio!

Omar Oróstegui Restrepo | Director Bogotá Cómo Vamos
director@bogotacomovamos.org

* Columna de opinión del director publicada en el diario ADN

Opinión

Covid-19 y adulto mayor

La actual coyuntura que vive el país por el COVID-19 y las diferentes recomendaciones sanitarias para frenar el brote y reducir el ritmo del crecimiento de los casos, nos ha demostrado que entre los más vulnerables están los adultos mayores, quienes carecen de un sistema inmunitario fuerte para combatir enfermedades infecciosas.

Las estadísticas, a la fecha, nos muestran una correlación directa entre mortalidad y edad. Por ejemplo, la tasa de mortalidad es del 3,6% para el grupo entre 60 y 69 años, del 8% para quienes tienen entre 70 y 79 y del 15% si superan los 80 años. Por supuesto, las cifras pueden variar dependiendo del contexto, la capacidad del sistema sanitario y la edad promedio de la población.

Hoy, cerca de 7 de cada 10 fallecimientos en la ciudad se registran en el grupo de personas mayores de 60 años. Las 5 primeras causas: enfermedades isquémicas del corazón (20,8%), enfermedades crónicas de las vías respiratorias (9,7%), enfermedades cerebrovasculares (7,4%), enfermedades hipertensivas (4,7%) y neumonía (4%).

De acuerdo con el último censo, la población mayor de 60 años en Bogotá es de 1.058.209 de personas, lo que equivale al 14% de la población total -aproximadamente la población total de Cartagena-. El 58% son mujeres, porcentaje que se incrementa con el paso del tiempo, básicamente porque los hombres tienen una menor esperanza de vida y mayor tasa de mortalidad.

Ahora, si miramos cuántos superan los 70 años -adultos mayores a quienes cobijan las restricciones de movilidad establecidas por el Gobierno Nacional- el número se reduce a 445.000, es decir, el 6% de los bogotanos, el equivalente a la población de Manizales.

Vale la pena mencionar que la capital, junto con el Eje Cafetero, Antioquia y Santander, registra índices de envejecimiento superiores al promedio del país.

Ese envejecimiento bogotano se explica porque la población crece a un ritmo más lento, hay una disminución de la mortalidad y una transición en la fecundidad. Se estima que entre 2015 y 2018 los nacidos vivos se redujeron un 15% en la ciudad, lo cual se evidencia en cambios de la pirámide poblacional, donde la base -que tiene las menores edades- tiende a reducirse, mientras la cúspide tiende a ensancharse. Hoy, por cada adulto mayor hay 2 jóvenes. Es posible que para mediados del siglo, esta relación se invierta.

Sin embargo, el envejecimiento por localidades es diferente, dados los procesos históricos de migración interna, la oferta de vivienda y la capacidad socio-económica de los hogares. Teusaquillo, Barrios Unidos, Chapinero y Usaquén tienen altos índices de envejecimiento, contrario San Cristóbal, Usme, Bosa, Ciudad Bolívar, que registran índices bajos.

Este panorama nos muestra retos más allá de la coyuntura. Es vital fortalecer las políticas sociales orientadas al bienestar de las personas mayores, con entornos protectores y saludables para una vejez digna y activa; mejorar los procesos de protección legal y los mecanismos para reducir la violencia en contra de este grupo poblacional.

Cifras de medicina legal muestran un incremento del 18% en la tasa de violencia contra los adultos mayores entre 2015 y 2018. La dependencia económica y psico-afectiva, la baja cobertura de seguridad social (estudios señalan que solo la tercera parte de la población tiene acceso al sistema pensional) y la soledad los hace vulnerables al abuso físico, sexual, psicológico y económico.

También es clave desarrollar programas y servicios más especializados, con un recurso humano bien formado en atención y cuidado del adulto mayor, así como trabajar con las familias y cuidadores para garantizar el respeto de los derechos de esta población.

En esta coyuntura del covid-19, distanciamiento social no significa olvido. Hay que ayudarles a comprar sus alimentos y asegurarse que tengan suficientes medicamentos y suministros; también que reciban una atención médica adecuada. Su cuidado y protección es un deber de la sociedad en su conjunto.

Por: Omar Oróstegui Restrepo | Director Bogotá Cómo Vamos
director@bogotacomovamos.org

* Columna de opinión del director publicada en el diario El Tiempo

* Foto: Freepik

Opinión

Cuidar a nuestros adultos mayores

La medida de aislamiento preventivo obligatorio para las personas mayores de 70 años, decretada recientemente por el Gobierno Nacional con miras a protegerlos de la pandemia de Covid-19, representa enormes desafíos sociales en términos de atención familiar y prestación de servicios sociales para este grupo de edad.

Según estimaciones del DANE, en Bogotá existen 445.036 personas de 70 años o más, es decir, el 6% de la población de la capital. ¿De qué fallecen? Las 5 primeras causas de mortalidad de la tercera edad que reside en la ciudad son: enfermedades isquémicas del corazón (20,8%), enfermedades crónicas de las vías respiratorias (9,7%), enfermedades cerebrovasculares (7,4%), enfermedades hipertensivas (4,7%) y neumonía (4%).

Por ello es vital cuidar y proteger a los adultos mayores, brindándoles la atención y compañía necesarias para cumplir no solo con la restricción sino reducir su exposición al nuevo coronavirus.

En ese sentido es importante ayudarlos a cumplir con las medidas de higiene establecidas para evitar el contagio y, en particular, evitar que tengan contacto con familiares enfermos, pues no basta con distanciarlos socialmente si sus seres queridos no tienen la precaución de alejarse en caso de presentar síntomas de Infección Respiratoria Aguda -IRA.

El sistema de salud debe ser flexible para atender, con prioridad y calidad, a las personas mayores; facilitarles la atención médica domiciliaria, así como la entrega de medicamentos, reduce aún más su riesgo de exposición a infecciones respiratorias. De igual forma, hay que garantizarles el despacho en casa de alimentos y otros productos de primera necesidad.

La ciudad debe rodear a sus adultos mayores y comprometerse con su cuidado, no solo en esta contingencia sino en la cotidianidad.

Por: Omar Oróstegui Restrepo | Director Bogotá Cómo Vamos
director@bogotacomovamos.org

* Columna de opinión del director publicada en el diario ADN

* Foto: peoplecreations

 

Opinión

Aire: el enemigo invisible

Omar Oróstegui Restrepo

Director Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

Durante los últimos días, los bogotanos han sido testigos de un cielo azul despejado que tristemente es opacado por una capa gris que cubre toda la ciudad. Un paisaje que es recurrente para esta época del año debido a que las condiciones atmosféricas profundizan aún más los problemas de la mala calidad del aire en la ciudad.

El problema es bien conocido. La contaminación es la misma durante todo el año, solo que por estos días hay poco viento y mucho sol, lo cual hace que el material particulado permanezca más tiempo en la ciudad. También sabemos que la zona sur occidental de la ciudad (Bosa y Ciudad Bolívar) siempre ha registrado los peores indicadores y que son los vehículos del transporte de carga los que más contaminan: 38% del total de las fuentes móviles, mientras los hornos de ladrillo la mitad de la contaminación de las fuentes fijas.

Lo que no sabíamos es que el 14% de los casos de cáncer de pulmón en la ciudad están asociados a la contaminación del aire y que también tiene efectos negativos en las enfermedades cardiovasculares. El problema no son solo las fuentes contaminantes, más grave es la exposición a las mismas.

Bogotá debe cumplir con el plan decenal de descontaminación del aire,  mejorar el estado de la malla vial, ampliar la cobertura vegetal, hacer obligatorio el uso de filtros a quienes más contaminan y facilitar la renovación del parque automotor de carga, medidas que pueden ser insuficientes si no se trabaja con los municipios vecinos y los transportadores.

De lo contrario ese enemigo silencioso que no vemos, pero sentimos durante el día, seguirá tomando fuerza.

* Columna de opinión del director publicada en el diario ADN

Opinión

Metro hasta la calle 100

El anuncio de llevar la Primera Línea del Metro de Bogotá (PLMB) hasta la calle 100 – actualmente está contratada hasta la Avenida Caracas con calle 72- garantizaría la interconexión modal entre el Regiotram del Norte (que viene desde Zipaquirá) y el Transmilenio por la Avenida 68.


Omar Oróstegui Restrepo | Director Bogotá Cómo Vamos
director@bogotacomovamos.org

El anuncio de llevar la Primera Línea del Metro de Bogotá (PLMB) hasta la calle 100 – actualmente está contratada hasta la Avenida Caracas con calle 72- es una apuesta interesante, toda vez que garantizaría la interconexión modal entre el Regiotram del Norte (que viene desde Zipaquirá) y el Transmilenio por la Avenida 68.

Ahora, desde el punto de vista técnico, surgen algunas inquietudes: ¿Esta modificación afectará la estructuración financiera del proyecto actual? ¿Quién construirá la extensión? ¿La Nación cofinanciará la obra? ¿Cuánto tardarán los estudios de factibilidad requeridos para dicha extensión?

Adicionalmente, es importante definir el lugar y longitud del tramo donde se realizarán las maniobras de retorno del metro, que inicialmente estaban proyectadas en el Monumento de los Héroes (8 cuadras después de la última estación); también hay que considerar el tipo de infraestructura y los puntos de interconexión para garantizar los transbordos peatonales con el Regiotram Norte y TM 68.

Por otro lado, la extensión de la PLMB hasta la calle 100 implica atravesar la compleja interconexión vial de la 92, integrada por puentes vehiculares de distintas alturas (entre ellos, el que conecta la NQS con la Autopista Norte, que tiene una altura de 15 metros). En este caso, ¿El paso por esta intersección será elevado como todo el metro o subterráneo para esta área?

Hay que tener en cuenta, igualmente, si se afectará el cronograma de ejecución de la obra. Por lo pronto, bienvenidas todas las apuestas que contribuyan a mejorar la movilidad en la ciudad y facilitar el desplazamiento multimodal de los bogotanos en transporte público de calidad.

* Columna de opinión del director publicada en el diario ADN

* Foto: Cortesía Empresa Metro

 

 

Opinión

Transmilenio por la Avenida 68

El CONPES 3900 le asigna a esta troncal un rol de alimentación de la Primera Línea del Metro de Bogotá –PLMB; con ella, además, se busca descongestionar las Av. Caracas y Av. NQS, al crear una nueva conexión entre el norte y el sur de la ciudad.

Omar Oróstegui Restrepo | Director Bogotá Cómo Vamos
director@bogotacomovamos.org

La construcción de la troncal de Transmilenio por la Avenida 68 ha generado inconformismo en algunos sectores y, recientemente, motivó manifestaciones ciudadanas. La obra, que está prevista adjudicarse hoy jueves 23 de enero, tiene un costo de 3,2 billones de pesos, incluyendo interventoría y compra de predios. Movería alrededor de 33.000 pasajeros hora/sentido.

El proyecto, de 16,9 km de longitud, contempla inicialmente 18 estaciones (más 3 de transferencia), 8 puentes peatonales, 29 cruces semafóricos, 5 deprimidos y 6 intersecciones elevadas. Al ser parte del tramo 1 de la primera línea del metro, obra definida por el CONPES como proyecto de importancia estratégica, será cofinanciada con recursos del Gobierno Nacional.

El CONPES 3900 le asigna a esta troncal un rol de alimentación de la Primera Línea del Metro de Bogotá –PLMB; con ella, además, se busca descongestionar las Av. Caracas y Av. NQS, al crear una nueva conexión entre el norte y el sur de la ciudad.

Ahora bien: frente a la propuesta de contemplar otras opciones de transporte en este corredor, como un metro ligero, es necesario analizar si ello implicaría modificar el CONPES de Metro -que habla específicamente de una troncal alimentadora de Transmilenio- y si habría que actualizar los aportes de la nación. ¿Dicho cambio afectaría la demanda estimada de pasajeros? Ello, además, implicaría modificar estudios y diseños para una nueva infraestructura de metro ligero.

Es importante preguntarse qué va a pasar con los más de 1.000 buses del SITP que transitan por este corredor, que a su vez conllevaría modificar los actuales contratos de concesión entre el Distrito y los operadores del SITP, luego de la firma del otrosí que renegoció dichos contratos. Hay rutas concesionadas a 20 años.

Adicionalmente, habría que contemplar algún tipo de compensación para los establecimientos comerciales e industriales que están en el sector La Alquería, en el sur de la capital (cocinas, colchones, dotaciones y cerámicas), dado que se verían afectados por la construcción de la troncal.

Frente a las voces que piden la suspensión de la licitación de esta obra, es necesario analizar los efectos que ello tendría en materia jurídica y financiera.

* Columna de opinión del director publicada en el diario ADN