Entre el desespero y la esperanza

Con varias entradas en esta columna relacionadas con la satisfacción de la movilidad en la ciudad y las brechas de género, los frentes de obras activos podrían tener incidencia en el comportamiento de dichas satisfacciones y percepciones de ciudad, que naturalmente afectan la calidad de vida. Además, Bogotá Cómo Vamos lidera, con algunos alidados, el diseño de soluciones basadas en el análisis de datos y de la participación de la comunidad en el seguimiento a la construcción del metro. Estas discusiones sobre el tema marcan la pauta en la agenda de opinión pública.

Esta semana, por ejemplo, se realizan los primeros debates en el Concejo sobre el cupo de endeudamiento solicitado por la Administración Distrital de alrededor de 18 billones de pesos para la segunda línea del metro. Asimismo, la llegada de la secretaria de Movilidad, Deyanira Ávila, quien tendrá entre sus retos liderar la gestión del día a día. Sin embargo, no se ha reflexionado mucho en cómo se vería la ciudad cuando los proyectos entren en funcionamiento.

Con obras de gran envergadura como la de la avenida 68, la ampliación de la calle 13, los avances en el Regiotram, el cable en San Cristóbal y otros casi 500 frentes de obra proyectados, es natural que surjan dudas de si para la fecha de su inauguración serán suficientes para generar un impacto positivo en los niveles de satisfacción de la movilidad. Con esta información, es prudente preguntarse: ¿En qué proporción los costos en tiempo, estrés, dinero y calidad de vida que asumimos hoy los capitalinos van a mitigar esos mismos ítems de los ciudadanos del futuro?

Por: Felipe Mariño, director de Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

Columna publicada en Diario ADN, 01 de septiembre de 2022