Casi la mitad de Bogotá no votó. Ese es, quizá, el dato más revelador que dejaron las elecciones del 8 de marzo en la ciudad. Con el 99,87% de mesas informadas, se registraron 3.019.919 votos para Cámara sobre un potencial de 6.101.479. Es decir, la participación fue de 49,49%: prácticamente la mitad de la ciudad se quedó por fuera de una decisión que define su representación en el Congreso.
Ese mismo día Colombia eligió Congreso y resolvió consultas interpartidistas para Presidencia. En Bogotá, la Gran Consulta por Colombia concentró el mayor volumen de participación con 1.371.082 votos. Allí hubo un dato político interesante: Paloma Valencia obtuvo 539.549 votos y Juan Daniel Oviedo 506.551, apenas 33.000 votos de diferencia en la capital.
En la Consulta de las Soluciones, Claudia López ganó en Bogotá con 188.155 votos de un total de 194.917. Y en el Frente por la Vida, el primer lugar fue para Roy Barreras con 37.844 votos de 88.331.
Pero el verdadero examen para la ciudad está en la Cámara por Bogotá. Son 18 curules que deberían traducirse en soluciones concretas. Según el preconteo, el Pacto Histórico quedó como primera fuerza con ocho representantes y el Centro Democrático como segunda con seis. Completan la bancada Alianza Verde con dos, Salvación Nacional con una y el Partido Liberal con una.
Más allá de quién ganó, Bogotá debería exigir algo simple: que sus representantes no se queden atrapados en la polarización nacional y sí empujen una agenda concreta para la ciudad en seguridad, movilidad, financiación del transporte, calidad del aire, vivienda, hábitat y una relación metropolitana seria con la región.
El 8 de marzo dejó ganadores claros. Ahora empieza lo realmente importante: rendición de cuentas y resultados para Bogotá.
