En Bogotá la pobreza baja, pero la desigualdad persiste

Los datos pueden dar la impresión de que las cosas van bien hasta que se mira más de cerca; las estadísticas promedio, cuando se leen sin lupa, esconden una realidad incómoda: el progreso no es para todas las personas. 
En Bogotá la pobreza baja, pero la desigualdad persiste - Bogotá Cómo vamos

Laura Ospina

Coordinadora de Comunicaciones

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Los datos pueden dar la impresión de que las cosas van bien hasta que se mira más de cerca. Sí, la pobreza monetaria bajó del 28,1 % al 23,7 % entre 2022 y 2023. Sí, el desempleo se redujo a un 9,7 % en 2024, una de las cifras más bajas de la última década. Pero las estadísticas promedio, cuando se leen sin lupa, esconden una realidad incómoda: el progreso no es para todas las personas.  

Detrás de esos números hay jóvenes que siguen sin encontrar un empleo formal: el desempleo juvenil es del 17,2 % frente al 9,8 general. Una de cada cuatro mujeres dedica la mayor parte de su tiempo a labores de cuidado no remunerado y por ello ven limitada su participación en el mercado laboral. Las personas migrantes presentan una tasa de informalidad del 65,4 %, muy por encima del promedio distrital, que es del 34,4 %. Si algo deja claro el nuevo capítulo sobre pobreza y empleo del Informe de Calidad de Vida de Bogotá Cómo Vamos, realizado con apoyo de la Alianza por la Inclusión Laboral, es que la recuperación económica es desigual, y que las brechas históricas siguen vigentes. 

El espejismo de “tener trabajo” 

No basta con acceder a un empleo, importa qué empleo es. Un trabajo sin estabilidad, sin seguridad social y sin condiciones dignas perpetúa el círculo de la vulnerabilidad. En 2024, el empleo informal volvió a crecer, alcanzando el 34,4 %. Y no, la informalidad no es una etapa pasajera a la espera del “verdadero” empleo formal. Es, para miles, la única realidad posible. Persistir en la idea de que el mercado formal absorberá toda la informalidad es desconocer las dinámicas reales del trabajo en Bogotá. 

Ante esta realidad, el informe propone un cambio de enfoque: reconocer todas las formas de sustento y garantizar que, incluso sin un empleo formal, las personas puedan ejercer plenamente sus derechos. Porque si seguimos diseñando políticas solo para un tipo de trabajador, siempre dejaremos a un buen porcentaje de la ciudad fuera de la ecuación. 

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