Intolerancia urbana

Se mantiene vigente la conversación sobre hechos de intolerancia ocurridos en los últimos días. El homicidio a un menor de edad con arma blanca y las riñas en Transmilenio dan cuenta de las tensiones que se presentan en la cotidianidad y que muestran la violencia empleada en la gestión de los conflictos. Sin embargo, se debe hacer una diferenciación entre intolerancia, que es la incapacidad de aceptar las opiniones o acciones ajenas, y la violencia con rasgos criminales que resultan en lesiones personales y eventualmente en homicidios.

Algunos indicadores reflejan conductas violentas que mal llamamos intolerancia. De enero a septiembre hay un incremento de 354 casos denunciados de lesiones personales, comparado con el mismo periodo de 2021. También hay un aumento en la participación de lesiones personales en las mujeres, pasando de 7150 casos en 2021 (enero-septiembre) a 7413 en 2022 (enero-septiembre). Los sábados en la noche y los domingos en la madrugada son los de mayor ocurrencia de estos incidentes, lo que se asocia con el consumo de alcohol. Así mismo, el grueso de las armas empleadas para las lesiones está en objetos contundentes (47,11%) y sin empleo de armas (44,8%), seguido de armas blancas y armas de fuego.

Buena parte de la sostenibilidad de una urbe parte de la capacidad que tiene de cuidar la vida y la convivencia de sus habitantes, así como promover el derecho del disfrute de la ciudad. Desde Bogotá Cómo Vamos hacemos seguimiento a datos de la evolución de las conductas ciudadanas y su relacionamiento con otros.

Por: Felipe Mariño, director de Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

Columna publicada en Diario ADN, 13 de octubre de 2022