La Región Metropolitana


Pasaron 30 años para que Bogotá avanzara en la integración regional. No fue sencillo, se tenía ajustar el artículo 325 de la Constitución y poner de acuerdo a dirigentes políticos de Bogotá, de Cundinamarca y congresistas.

El primer paso se dio. El camino es largo. Falta la ratificación en el Concejo de Bogotá y en la Asamblea de Cundinamarca. Está pendiente la discusión de la ley orgánica que reglamenta la figura; lo cual se dará en el Congreso para definir aspectos presupuestales y competencias en los ámbitos territoriales.

En los últimos años, los municipios duplicaron sus habitantes; muchos de ellos trabajan en Bogotá, pero viven en la Sabana. La interdependencia es cada vez en mayor, en servicios públicos, industria, empleo y educación.

Pero el proceso ha sido desordenado y desarticulado. Hay una competencia por atraer inversión inmobiliaria y localización de industrias que buscan incentivos tributarios y mejores condiciones de infraestructura. El objetivo es mejorar sus arcas municipales, vía ingresos por impuesto predial e Industria y Comercio.

Esta figura recién aprobada trae beneficios, pues sienta bases de una arquitectura institucional con recursos independientes y funciones que buscan la articulación de servicios y la planeación territorial.

Lo importante es que sea eficiente y no se convierta en un espacio de burocracia supramunicipal. La región necesita herramientas para facilitar la toma de decisiones y el manejo acertado de recursos a largo plazo; para tener mejorar infraestructura de movilidad, servicios públicos, medio ambiente y vivienda, así como políticas sociales en educación y salud.

Por: Omar Oróstegui Restrepo, director de Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org 

Columna de opinión, publicada en Diario ADN, 19 de junio de 2020