Las cifras recientes parecen alentadoras: la pobreza monetaria cayó del 28,1 % al 23,7 % y el desempleo llegó al 9,7 %, uno de los niveles más bajos en la última década. Pero cuando se mira de cerca, el panorama cambia: no todos los grupos de la ciudad se benefician igual.
El Informe de Calidad de Vida 2024 de Bogotá Cómo Vamos, con apoyo de la Alianza por la Inclusión Laboral, revela que el desempleo juvenil alcanza el 17,2 %, casi el doble del promedio; que una de cada cuatro mujeres dedica la mayor parte de su tiempo al cuidado no remunerado, lo que limita su participación en el mercado laboral; y que el 65,4 % de personas migrantes trabaja en la informalidad, frente al 34,4 % distrital.
Además, tener empleo no garantiza condiciones dignas: la informalidad laboral volvió a crecer hasta el 34,4 %, lo que significa inestabilidad, falta de seguridad social y vulnerabilidad constante.
También hay vidas invisibles en esta conversación: más de 10.000 personas habitantes de calle, muchas de ellas desde temprana edad, generan ingresos en actividades como el reciclaje, pero rara vez son reconocidas en programas de empleo. Incorporar sus saberes y oficios es clave para avanzar hacia una inclusión real.
La desigualdad en Bogotá requiere de políticas con enfoque diferencial y territorial que reconozcan trayectorias diversas y atiendan las barreras estructurales. Porque el verdadero reto no es solo crear empleos, sino construir una ciudad donde todas las personas tengan las mismas oportunidades de vivir dignamente.
