Restricción al parrillero

El Distrito expidió el Decreto 119 que incorpora medidas para mejorar la seguridad y convivencia en Bogotá. Algunas van por rutas ya transitadas y otras, conllevan restricciones a las libertades. ¿Qué podemos esperar de ellas? ¿Qué evidencia existe que justifique su implementación? ¿Quiénes ganan o quiénes pierden?

Si bien la nueva restricción de parrillero hombre tiene ajustes respecto a la implementada en la administración de Enrique Peñalosa, en espíritu es la misma. Según reportes de 2018 de la Secretaría Distrital de Seguridad, Convivencia y Justicia, la restricción evidenció que los hurtos con móvil de agresor en motocicleta aumentaron mientras estaba en vigencia, pasando de 302 casos en febrero a 396 en mayo. Desde ese mes y hasta julio de 2018, se presentó una reducción de 62 casos y continuó disminuyendo hasta agosto, cerrando con 237; incluso habiendo levantado la medida a mitad de julio. Lo que se puede concluir es que es difícil aislar el efecto de la medida cuando al inicio de su implementación los hurtos aumentaron y, además, cuando se redujeron incluso una vez levantada la restricción.

Lo anterior invita a la reflexión ciudadana en torno a el beneficio que trae una medida restrictiva de este tipo que, primero, ya ha sido probada y que no ha funcionado en la ciudad. Segundo, analizar si esos beneficios, difíciles de comprobar rigurosamente, se equiparan a los costos sociales que asumen los motociclistas; quienes pagan por las dificultades que en materia de seguridad tienen las autoridades. Finalmente, una administración debería evitar medidas que restringen libertades básicas ciudadanas y fortalecer las funciones sociales de la ciudad.

Por: Felipe Mariño, director de Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

Columna publicada en Diario ADN, 21 de abril de 2022