La discusión sobre el pico y placa para carros no matriculados en Bogotá parte de un dato claro: una parte grande del tráfico que vivimos viene de vehículos que pagan impuestos en otros municipios. En Bogotá y Cundinamarca hay 5,36 millones de automotores: Bogotá concentra el 50,9%, pero Funza ya tiene el 12,5% y Soacha el 7,1%. Y la tendencia va en aumento. Desde 2022, Funza recibe el 31% de las nuevas matrículas de la región, mientras Bogotá cayó a 17–19%.
En motos la brecha es aún más evidente: Soacha registra el 29%, Funza el 28%, Madrid el 14% y Mosquera el 8%. ¿Bogotá? Solo el 3%.
¿Por qué pasa esto? Porque matricular vehículos en Bogotá es más caro. Aunque el Distrito recaudó $1,4 billones por impuesto vehicular en 2024 (16% más en términos nominales), en la práctica ese crecimiento es muy bajo. Y la Alcaldía calcula que cerca del 30% del parque que circula aquí está matriculado por fuera. Es decir, Bogotá carga con el tráfico y sus costos, pero no recibe los ingresos.
¿Qué implica entonces la medida?
Ayuda a corregir ese desbalance, aunque se concentra más en los carros que en las motos, que son parte del verdadero hueco. También puede generar roces con los municipios vecinos si no hay acuerdos regionales. Y solo será efectiva si se acompaña de algo clave: homologar los costos de matrícula en la región, dar incentivos para registrar en Bogotá y reforzar los controles en accesos y fines de semana. Sin eso, la ciudad seguirá poniendo la vía… y otros recibiendo la plata.
