Se nos acaba el agua 

Con corte al 17 de abril de 2024 el “Sistema Chingaza”, sistema que abastece de agua a gran parte de Bogotá, tiene un nivel de 15,28% y bajando. Los embalses siguen cediendo mientras los ciudadanos parecemos no reaccionar ante la crisis, las medidas de la alcaldía tampoco han logrado aún su objetivo y la lluvia a penas se insinúa. ¿Cómo llegamos a esto?

Columna ADN.

Con corte al 17 de abril de 2024 el “Sistema Chingaza”, sistema que abastece de agua a gran parte de Bogotá, tiene un nivel de 15,28% y bajando. Los embalses siguen cediendo mientras los ciudadanos parecemos no reaccionar ante la crisis, las medidas de la alcaldía tampoco han logrado aún su objetivo y la lluvia a penas se insinúa. ¿Cómo llegamos a esto?  

Según los datos recopilados por el Observatorio Ambiental de Bogotá, entre diciembre de 2023 y febrero de 2024, el volumen total de precipitaciones en la zona urbana de Bogotá se redujo a 138 milímetros, en comparación con los 235 milímetros registrados durante el mismo período del año anterior. Aunque los embalses no están ubicados dentro del Distrito, los patrones de lluvia han sido similares en la región, principalmente por el fenómeno de El Niño. Sin embargo, el déficit de precipitaciones, que parece persistir en marzo y abril, no es el único factor que contribuye a la situación crítica. Otros efectos de El Niño, como el aumento de las temperaturas, y aspectos relacionados con la gestión del agua, como el crecimiento continuo en la demanda hídrica de la sabana en los últimos años, también han juago un papel significativo.  

En el contexto del cambio climático, la incertidumbre se ha convertido en la norma con un régimen de lluvias que seguirá fluctuando abruptamente; situación que no se resolverá con unos pocos días de precipitación. 

El 91% del consumo de agua en Bogotá es residencial, por lo que el alcalde ha anunciado medidas enfocadas en los hogares como el racionamiento por zonas y sobrecargos a quienes superen los 22 m2 mensuales, pero el ahorro ha sido menor al esperado. El problema es estructural, situaciones como esta serán cada vez más frecuentes y, por ello, exigen cambios tanto culturales como de ordenamiento territorial a largo plazo.