Opinión

A Salvar TransMilenio

Es cierto que TM ha tenido problemas en los últimos años y que la satisfacción con el servicio es baja, a pesar de los esfuerzos por modernizar la flota y ampliar su cobertura.

Hoy en medio de la coyuntura actual del covid-19, el transporte público masivo está pasando por serios problemas financieros. Al considerarse foco de contagio, la gente ha dejado de usarlo, y en otros casos los gobiernos limitan la cantidad de pasajeros que lo usan. Hecho que afecta sus ingresos, sus modelos financieros dependen de la cantidad de pasajeros, la tarifa y los subsidios.

Uno de cada tres bogotanos se mueve en TM, no solo por la rapidez a pesar de la incomodidad, sino porque es el único medio disponible en muchos lugares. El desarrollo urbano de la ciudad se dio alrededor de los corredores de TM y en varios barrios, no hay otra alternativa, como sucede en la Autonorte y Av. Caracas.

Limitar el uso es analizar el problema desde la perspectiva de la demanda; pero la solución está en mejorar la oferta, ampliar las posibilidades para movilizarse en la ciudad, incrementar los protocolos de bioseguridad y mejorar el diseño de los buses, estaciones y accesos que bajen el hacinamiento y las demoras.

No es estigmatizar el transporte público como un foco de contagio, pues esa narrativa es el riesgo de incentivos perversos para que la gente opte por otros medios como el carro particular o la moto.

Todos debemos apoyar el transporte público, no hacerlo afecta las empresas, medio ambiente y la productividad de la ciudad. Si el sistema fracasa perdemos todos, en particular los hogares que no tienen otras posibilidades para moverse en la ciudad.

Por: Omar Oróstegui Restrepo, director de Bogotá Cómo Vamos. 

director@bogotacomovamos.org

Columna de Opinión publicada en Diario ADN, 29 de mayo. 

Opinión

Un plan más allá de la coyuntura

En las últimas semanas, en medio de circunstancias atípicas por el covid-19, han tenido lugar las discusiones del Plan de Desarrollo, la hoja de ruta que define las principales líneas de inversión y de gasto público que tendrá la ciudad en los próximos cuatro años.

Su discusión es compleja pues está en juego un presupuesto de $109,3 billones. Monto con el que se espera financiar programas estratégicos y proyectos en el marco de la pospandemia, en particular de la política social. Pero también otros proyectos que van más allá de la coyuntura, como las apuestas de infraestructura para la movilidad y la creación de nuevas instituciones distritales. Esto sin contar que 10% de ese presupuesto será financiado por deuda.

Resulta paradójico que se hacen esfuerzos para ampliar el gasto de inversión pero no se presenta una propuesta de ahorro para la ciudad.

En este sentido, la deliberación del plan en el cabildo distrital es una tema estratégico debido a las apuestas y compromisos que se van adquirir. Si bien el plan de desarrollo es un documento técnico, también es un documento político que traza una visión de ciudad desde la perspectiva de la administración de turno.

En términos generales, el plan trae una apuesta importante de política pública al incorporar un enfoque poblacional, sectorial y territorial. Además reconoce la importancia de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, lo cual fija el horizonte más allá de los 4 años de gobierno.

No obstante, la estructura en sí mismo del plan tiene inconvenientes en relación a las metas e indicadores. En algunos casos no tienen el nivel de detalle deseado o se presentan como metas ambiciosas que a la larga son insuficientes, como en el caso de la calidad del aire. Incluso, hay problemas de ciudad que no tienen metas específicas en el plan, como la desnutrición crónica, que hoy afecta al 17% de los niños menores de 5 años. Esta meta confirmaría el compromiso de la administración distrital para mejorar la situación nutricional en la primera infancia a través de sus programas.

Aún falta las discusiones en la plenaria del Concejo, y aunque en la Comisión Plan se hicieron ajustes de fondo y la eliminación de 4 artículos a la propuesta original, quedan pendientes los debates asociados a la hacienda pública y la capacidad fiscal del Distrito; al fin de cuentas, todo plan requiere un respaldo financiero para sus propósitos se hagan realidad.

Por: Omar Oróstegui Restrepo, director de Bogotá Cómo Vamos. 

director@bogotacomovamos.org

Columna de Opinión en El Tiempo, 27 de mayo de 2020

Opinión

El Plan de Desarrollo

El Concejo de Bogotá lleva varios días revisando la propuesta de Plan de Desarrollo y escuchando las apuestas de los sectores. Ésta es la hoja de ruta de la Administración que marca el rumbo de la ciudad en los próximos 4 años.

Bogotá Cómo Vamos ha realizado en los últimos meses, realizamos mesas trabajo con expertos para analizar el Plan.

El resultado de este trabajo colectivo, son observaciones y recomendaciones en 6 temas: educación, salud pública, seguridad y convivencia ciudadana, movilidad sostenible, hábitat y medio ambiente.

La propuesta está en el documento que entregamos hace poco a la Alcaldía, al Concejo y a la ciudad.

Los aspectos que se destacan del Plan de Desarrollo son: la transversalización de los ODS tanto en la visión como en los enfoques, los atributos, los propósitos y los logros de ciudad; el reconocimiento de la dimensión ambiental y de la ruralidad; y, su rápida adaptación a las necesidades para recuperarse de los efectos dejados por la pandemia; entre otros.

En recomendaciones, por ejemplo, se menciona la necesidad de formular e implementar una política de bilingüismo; incluir acciones intersectoriales para reducir la desnutrición crónica en primera infancia;  ajustar la meta de tasa de homicidios; priorizar acciones para peatones y ciclistas como mecanismos de viaje de menor contagio y más.

Estas observaciones al proyecto de Acuerdo de Plan de Desarrollo son un insumo que se entrega desde la sociedad civil para aportar a los asuntos públicos, mejorar la toma de decisiones y ser parte de esa construcción colectiva de ciudad.

Por: Omar Oróstegui Restrepo – Director de Bogotá Cómo Vamos 

director@bogotacomovamos.org

Columna de opinión publicada en el Diario ADN, 22 de mayo. 

Opinión

Un contrato social

La Alcaldía de Bogotá entregó al Concejo el proyecto de Acuerdo que marcará la ruta de la ciudad en los próximos 4 años y, en este mes, se llevará a cabo su revisión y discusión.

Además de ajustarse a la coyuntura, tiene en sus prioridades a la población vulnerable: mujeres, niños, niñas, jóvenes, adultos mayores, personas con discapacidad y lo relacionado con sus servicios.

Se trata de una apuesta por consolidar la ciudad– región, el desarrollo sostenible, así como el cumplimiento de metas de ciudad de cara a los ODS 2030.

Ante la emergencia sanitaria, un nuevo plan de desarrollo presenta retos y desafíos para la Administración. Lo que lleva a tener en cuenta las necesidades y prioridades ciudadanas.

Los resultados de nuestra encuesta de percepción dan cuenta que: salud (45%), empleo (43%), educación (38%), seguridad ciudadana y convivencia (31%), y movilidad y transporte (30%), son los cinco primeros temas claves de la ciudad que debería prestarle más atención la Administración.

En este sentido, con el fin de contribuir al mejoramiento de la calidad de vida, desde Bogotá Cómo Vamos y con expertos, revisamos la propuesta inicial de la Alcaldesa presentada al CTPD.

Bajo un trabajo colectivo, realizamos observaciones y hemos elaborado recomendaciones en movilidad, seguridad, medio ambiente, salud, educación, y hábitat; aporte que, en las próximas semanas, entregaremos al Concejo de Bogotá en una apuesta por la construcción colectiva de ciudad y de los desafíos que ahora se nos presentan.

Por: Omar Oróstegui Restrepo – Director de Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

*Columna de opinión publicada en el Diario ADN, viernes 8 de mayo de 2020

Opinión

El hambre, la otra pandemia

«Esta coyuntura es una oportunidad que nos obliga a innovar, adaptarnos y reaprender.  Será una gran prueba de altruismo social y resiliencia colectiva para nosotros y para los gobiernos. Nadie se puede quedar atrás»

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Las imágenes son dramáticas: trapos rojos en las ventanas de las casas, manifestaciones en vía pública, y largas filas de personas esperando para acceder a las ayudas alimenticias. A esto le sumamos los hogares de clase media que pueden estar experimentando procesos de empobrecimiento a causa de una disminución de sus ingresos, lo que los pone en una situación de vulnerabilidad pero, dadas sus condiciones de vivienda, es difícil que puedan clasificar para acceder a los programas sociales que tienen los más pobres.

Si bien la cuarentena reduce el riesgo de contagio, está provocando dificultades económicas en los hogares, en particular en los grupos más vulnerables que viven del día de día y hacen parte de la informalidad laboral. Pero también afecta a varios sectores formales de la economía que requieren ingresos para garantizar sus obligaciones financieras. Basta mencionar que el 28% del empleo en Bogotá lo genera el comercio, hoteles y restaurantes y un 23% los servicios sociales, comunales y personales.

Hace pocos días, un estudio de las Naciones Unidas estimó que el efecto de la pandemia  aumentaría el número de pobres hasta 500 millones de personas, cerca del 8% de la población mundial. Aunque es prematuro proyectar cálculos para Bogotá, las cifras antes de la coyuntura muestran que el 12,4% de los bogotanos es pobre, en otras palabras,  1.014.450 de personas sobreviven con menos de $ 283.828 al mes.

Estas cifras de pobreza en la capital pudieron haber empeorado en las últimas semanas para aquellos que no cuentan con los medios suficientes para afrontar la cuarentena y que viven del día a día. De estos se resaltan las mujeres cabeza de hogar, discapacitados, mujeres gestantes y lactantes, e incluso los niños menores de 5 años. Cálculos de Bogotá Cómo Vamos –BCV-, estiman que más de la cuarta parte de los hogares de la ciudad con niños en primera infancia se encuentra en condición de pobreza monetaria (28,2%).

Preocupa, particularmente, el aumento de la desnutrición crónica (talla baja para la edad) y del bajo peso al nacer, indicadores cuya prevalencia vienen creciendo en los últimos años en la ciudad. Entre 2016 y 2018 hubo un incremento en el número de casos de desnutrición crónica en niños y niñas menores de 5 años: se pasó de 22.740 casos a 29.965.

Y es que la pobreza también está asociada al hambre. El año pasado la FAO estimó que 113 millones de personas enfrentaban crisis alimentarias y que más de 800 millones enfrentaban desnutrición crónica. En Latinoamérica, posiblemente la expansión del Covid-19 y sus medidas para reducir el riesgo, estén provocando hambre en los más pobres, quienes a su vez, ven comprometida su salud al no tener una adecuada nutrición, lo que a su vez los hace más susceptibles al virus.

De acuerdo con la Encuesta de Percepción Ciudadana de BCV, para el 2019, el 14% de las personas afirmó que durante el último mes, consumió menos de tres comidas diarias porque no había suficientes alimentos. De éstos, la mitad indica que sucedió 1 o 2 veces y el 34%, entre 3 y 10 veces. Las mujeres se ven más afectadas: el 16% dice haber consumido menos de tres comidas diarias frente al 12% de los hombres.

Es muy probable que la desaceleración económica agrave la inseguridad alimentaria, que junto a fenómenos como la inflación y el incremento del dólar, termine afectado el precio de los alimentos y la capacidad de compra de los hogares. Esto puede cambiar los patrones de alimentación e incrementar los índices de desnutrición en los más pobres e incluso la clase media.

Para el caso de Bogotá, por ejemplo, las cifras muestran que en el 69% de los hogares, al menos una de las personas económicamente activas que están ocupadas, no cotizan a fondo pensiones; que en el 18% de los hogares, existe al menos un miembro del hogar mayor de cinco años sin aseguramiento a seguridad social en salud; y que en el 20% de los hogares, existen 3 o más personas a cargo por cada miembro ocupado.

De allí que el papel del Estado y los gobiernos locales resulte transcendental, sobretodo en Colombia, donde los sistemas de bienestar y aseguramiento social nos son tan robustos como en el caso de las ciudades europeas.

Las recetas tradicionales de subsidios y contribuciones se deben complementar con un control en los precios de los alimentos, subvenciones en efectivo, y estrategias para proteger el tejido social de las comunidades más vulnerables. Incluso, valdría la pena pensar en modelos disruptivos de política social para reducir la vulnerabilidad alimentaria de los más pobres, como por ejemplo, convertir los parques en huertas urbanas de mayor escala donde se le garantice la distribución de semillas y fertilizantes a las comunidades. El modelo de las ciudades inglesas, australianas y americanas nos muestra de que hoy es posible.

No basta con fortalecer mecanismos de protección social para proteger a los más vulnerables, hay que cuidar también los medios de vida y los recursos de subsistencia de los hogares. Eso significa comprender mejor los factores que afectan la pobreza en las familias y que tienen relación directa con su composición, tamaño y estructura, que en muchos casos, determinan su capacidad para afrontar los eventos adversos, como la pérdida de ingresos, el desempleo o el covid-19. Los hogares con mayor número de dependientes (niños y ancianos) podrían estar en desventaja en la actual coyuntura, porque entre más dependientes, mayor son los costos y las necesidades que deben cubrir con sus bajos ingresos.

Esta coyuntura es una oportunidad que nos obliga a innovar, adaptarnos y reaprender.  Será una gran prueba de altruismo social y resiliencia colectiva para nosotros y para los gobiernos. Nadie se puede quedar atrás.

Por: Omar Oróstegui Restrepo – Director de Bogotá Cómo Vamos. 

director@bogotacomovamos.org

*Columna de Opinión publicada en el diario El Tiempo

Opinión

Ejercicio en cuarentena

La recreación y el deporte son elementos claves en el desarrollo humano. Con la noticia de la extensión del aislamiento preventivo, se conoció que a partir de este lunes los ciudadanos podemos salir a hacer deporte al aire libre.

La decisión, llega con restricciones: actividades moderadas como: caminar, correr, trotar o montar en bicicleta, entre las 5 y las 8 de la mañana; por un tiempo máximo de una hora y en un radio de 1 kilómetro de distancia de la casa.

En la decisión, no está permitido el uso de los Lo que nos lleva a tener en cuenta que en Bogotá hay 5.260 parques; las localidades de Suba (19%), Kennedy (10%) Engativá (10%) y Usaquén (9%) concentran la mayor cantidad.

Según los resultados de la Encuesta Bienal de Culturas 2017, se evidencia que el 79% de los bogotanos viven cerca de un parque o de un espacio público recreativo. Las actividades que prefieren los bogotanos prefieren hacer en los parques cerca de casa son: hacer ejercicio (22%), acompañar a niños u otras personas (13%) y pasear a la mascota (13%). Nuestra Encuesta de Percepción Ciudadana dice, además, que el 61% de los bogotanos fue a los parques en el último año.

Por ello es clave establecer controles que permitan a la población salir a ejercitarse haciendo énfasis en la importancia del aislamiento social.

Se hace un llamado a todos seguir las instrucciones y acatar con responsabilidad la autorización que permite ejercitarse al aire libre. Ésta es una ventaja para todos contribuyendo a mejorar nuestra salud física y mental; que no se convierta en una oportunidad para violar la cuarentena.

Por: Omar Oróstegui Restrepo – Director de Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

*Columna de opinión publicada en el Diario ADN