Un sistema vulnerable


TransMilenio se ha convertido en el blanco de quienes buscan atención ante diversas problemáticas. A pesar de que según la Encuesta de Percepción Ciudadana la satisfacción con TransMilenio pasó del 49% en el año 2008 al 19% en 2015, los bloqueos que se han registrado en el sistema no son exclusivos de la inconformidad de los usuarios. La circulación de buses se ha obstruido para impedir el cierre de un colegio, por la demora en el levantamiento de un cuerpo y hasta por transportadores que piden ser integrados al SITP.

Un pequeño grupo de manifestantes puede colapsar el desplazamiento de gran parte de la ciudad. Más allá de las razones, es claro que las vías de hecho terminan afectando a los usuarios que realizan los 2.062.125 viajes diarios en el sistema en Bogotá, es decir, lo que corresponde al 14% de los viajes totales en un día en la capital, según la última Encuesta de Movilidad.

La Administración anunció que se tomará medidas. A corto plazo se modificarán algunas rutas, pero los cambios de fondo se verán en, por lo menos, dos años. Urge generar mejoras de operación en el sistema y estas deben ir de la mano de un trabajo con los usuarios.

Sería un acierto que las propuestas de cultura ciudadana que propone la Administración estén asociadas a los sistemas de transporte masivo, pues sin lugar a duda pueden generar un cambio positivo en los comportamientos de los habitantes de nuestra ciudad. Es una oportunidad que hay que empezar a diseñar desde ya. Bogotá y TransMilenio no han sido proactivos con este tipo de iniciativas.