¿Y la energía?

Los argumentos del alcalde Gustavo Petro para apostarle en el Plan de Desarrollo a la construcción de sistemas de transporte movidos por energía eléctrica era la protección del medio ambiente y la facilidad de la ciudad para proveer energía eléctrica por encima de gasolina y diésel.

Las obras, según lo planeado, estarían funcionando entre 2015 y 2018, un tiempo que le permite a la ciudad pensar en dónde va a encontrar la energía para mover sus sistemas de transporte eléctrico. En resumen son los siguientes proyectos: dos cables aéreos, que unirían sectores de San Cristóbal y Ciudad Bolívar con Transmilenio;
los corredores férreos que incluyen la séptima entre el 20 de julio y la calle 193, el actual ferrocarril de la NQS entre 193 y la Estación de la Sabana, con una extensión hasta la Avenida Ciudad de Cali (en una segunda etapa se construiría la Avenida Longitudinal de Occidente y una ampliación desde la Estación de la Sabana hasta la Carrera Séptima con Calle 13);
finalmente, el metro pesado que va desde el Portal de las Américas hasta la calle 127 en una extensión total de 29 kilómetros.

La ciudad cuenta con un conglomerado de energía que se agrupa en el Grupo de Energía de Bogotá. La empresa bogotana tiene negocios de generación, transmisión y distribución de electricidad, sin embargo, no ha sido claro el papel que esta podría jugar en la estructuración y puesta en marcha de los proyectos. Por supuesto, no pretendemos que el Grupo de Energía asuma el control de la licitación ni la operación de las obras pero creemos que es importante que juegue un papel fundamental en garantizar la transmisión de energía a bajo precio que permita abaratar los costos de funcionamiento.

Según datos de la Unidad de Planeación Minero Energética, la demanda de energía en Colombia va a crecer 3.9%, y si el ritmo se acelera, la demanda empataría con la oferta actual en 2021. Un escenario caótico sería que la ciudad no tuviera como garantizar el fluido hasta el sistema de transporte. Las filiales del Grupo Energía de Bogotá fundamentalmente generan energía a través del complejo de Betania, el Guavio y las centrales ubicadas a lo largo del Río Bogotá. El proyecto El Quimbo ayudará a la generación de Betania y entre las dos represas producirán el 14% de la energía del país, sin embargo, la energía producida en el bajo río Madgalena no estará destinada exclusivamente a Bogotá sino que irá al Sistema Interconectado Nacional.

A parte de la generación de energía de bajo costo es necesario pensar en inversiones necesarias para que la ciudad no sufra problemas de transmisión por cuenta de los nuevos proyectos que se avizoran. Por un lado, hay que garantizar la prestación del servicio domiciliario, industrial y de transporte sea constante;
por otro lado, que haya herramientas para que tanto los cables como los trenes reciban energía eléctrica en sus recorridos.

La ciudad tendrá que construir subestaciones que garanticen la estabilidad del fluido en los portales de Tunal, Américas y 20 de julio donde terminarán su recorrido los cables eléctricos y el metro pesado. Del mismo modo, la administración debe definir exactamente hasta dónde llegará el recorrido del tren ligero y del metro pesado en la avenida NQS al norte y así poder hacer las obras que permitan tener abastecimiento al sistema tanto en el norte como en el sur.

La alerta que queremos enviarle a la ciudad es que, a pesar del entusiasmo que producen en la opinión nuevas obras de infraestructura, estas deben estar bien planeadas y todos sus componentes discutidos y organizados.